Champagne
Una serie de circunstancias han provocado que esta escena, rodada en tiempo real, según parece (aunque todo es engañoso en le cine como, por otro lado, en la vida real………la vida, sus pobladores, el ser humano, muchas veces son más falsos e irreales que el propio celuloide en movimiento) haya lacerado mis sentimientos más vulnerables.
Por otra parte, mis sentimientos pasan por un estado de vulnerabilidad extrema últimamente, lo que puede resultar positivo en muchos casos.
Hace unos días pude saber que Taylor Mead, el poeta y actor norteamericano, famoso en ciertos círculos por haber aparecido en algunas películas rodadas por Andy Warhol en los sesenta, había fallecido a los 88 años. Repentinamente recordé esa película, a la que vuelvo en ciertas ocasiones dolorosas, como la actual, para buscar con fruición, detalles aparentemente inocuos y diálogos que me despierten y me devuelvan una pizca de entusiasmo.
La película es “Coffee and Cigarettes”, escrita y dirigida por Jim Jarmusch en 2003. Si bien consta de fragmentos irregulares, más o menos acertados, ésta finaliza con la escena a la que aludí al principio y que sintetiza, de manera brillante, una hondura de esencial significado.
Protagonizada por Taylor Mead y por William “Bill” Rice (un prominente artista polifacético del East Village neoyorquino y también actor) sintetiza algunas esencias vitales: el anciano Mead vuelve, en su memoria, a emocionarse con una melodía de Mahler que, quizás, le traiga, intactos, momentos inolvidables de su juventud, tiempos felices vividos con intensidad y guardados inconscientemente en sus recuerdos más íntimos. Simula que el asqueroso café que están bebiendo es un delicioso champagne, saboreado en el París de los años veinte, arquetipo del sentimiento frenético de “la Joie de Vivre”, la exaltación de la vida, del milagro permanente de la existencia.
Sin más compañía que el recuerdo de una melodía, de una bebida, de una ciudad, de momentos que arañaron la felicidad inalcanzable siempre, Taylor Mead cierra los ojos, dispuesto a descansar, siquiera unos minutos, ante la mirada comprensiva de un amigo. No lo sabemos, pero intuimos que ha cerrado los ojos para siempre, para soñar eternamente con pequeñas cosas que la vida nos ha regalado.
La vida, quizás, solo se reduzca a eso, sencillamente
En Busca De la Música Del Diablo
“Robert Johnson was like an orchestra all by himself. Some of his best stuff is almost Bach-like in construction … a brilliant burst of inspiration.” Keith Richards
Robert Johnson siempre ha estado envuelto en un halo de misterio, sumido en la incógnita, objeto de leyendas de todo tipo. Johnson fue el arquetipo de cantante e intérprete de blues del Delta del Mississippi: grabó 29 canciones en toda su carrera, entre 1936 y 1937, para la American Recording Corporation; en total once discos de 78 r.p.m. Sería suficiente para considerar su valiosa contribución a la música popular del siglo XX.
Quizás porque no concedió ni una sola entrevista en su vida, porque solamente existen testimonios indirectos sobre su tortuosa vida de músico itinerante, Johnson siempre ha ejercido una fascinación irresistible sobre músicos, a su vez, absorbidos por el magnetismo hipnótico del blues.
Este documental, de 1991, “Search For Robert Johnson” intenta escarbar en la leyenda y, en definitiva, se recrea en ella: bajo la dirección del bluesman blanco John Hammond Jr. y con la colaboración de Eric Clapton, Keith Richards y los músicos del Delta Johnny Shines y David Edwards (quienes recrean la música de Johnson), el documental es un ejercicio realmente conseguido sobre el significado de un músico que ha tenido una influencia gigantesca en músicos de toda la variedad de estilos.
El autor de “Sweet Home Chicago”, “Come On In My Kitchen” o “Ramblin’ On My Mind”, el intérprete desgarrador, poseedor de un lamento singular y un guitarrista innovador. Añádase a ello, una vida disoluta, imprecisa, vagabunda, errante…..moldeada por relatos próximos a fábulas urbanas y espirituales….y tenemos a una de las figuras más atrayentes y explotadas de la música popular norteamericana.
Recapitulemos……….. Sin Dolor
Atravieso un momento – momentos, la vida se entreteje de momentos, hilvanados, inconexos, fugaces – en el que ni siquiera sé porqué siento la necesidad de compartir este espacio, compartir mis apetencias artísticas, mis preferencias musicales, literarias…….en definitiva, compartir pequeñas cosas que hacen que disfrute, que olvide vivencias penosas, pequeñas manifestaciones que convierten la existencia en momentos extrañamente felices. Siempre he preferido la cercanía del ser humano y rehúyo la costumbre reciente de exponerse descarnadamente en pequeños cotos exclusivos absolutamente falsos, en donde el ser humano se muestra en momentos extremos de felicidad………..esa fantasía en la que viven, sin dolor que exista, sin penuria. Felicidad plena.
Compartir música, imágenes preñadas de sentimientos, pequeños y vanos escritos, palabras de la entraña. Eso es lo que hago, ¿porqué?. Quizás acuciado por una necesidad casi visceral de poder señalar obras que conmueven mi espíritu, para que el resto anónimo pueda sumirse en ese placer inenarrable que provoca la lectura de un libro pongamos de Joseph Conrad o la escucha de un disco, pongamos de Teddy Wilson. Quizás, un sentimiento de filantropía ridícula….últimamente tengo la sensación de que pierdo el tiempo, ese tiempo tan evanescente que se pierde irremediablemente, pero que también se conserva, se conservan los momentos felices, muchas veces distorsionados por una memoria embustera, a la que acuciamos para que nos transmita lo que realmente queremos sentir.
Recapitular porqué creé este espacio y porqué lo sigo manteniendo después de cuatro años. Lo cierto es que, extrañamente, este cercado de razones livianas para seguir adelante, este espacio ridículo que, es posible, también responda a destellos de vanidad, sigue adelante.
Como dijo uno que escribe canciones……..”Ser feliz es un estado de ánimo que de vez en cuando se digna a visitarnos, pero vivir en él no sé qué interés puede tener”.
En definitiva, todas estas chorradas que he soltado y que comparto – que también comparto necedades como ésta, de vez en cuando -, todas estas canciones, todas estas películas, todos estos libros……..son una fuente inagotable, fructífera y certera para que ese estado de ánimo que llaman felicidad se digne a pasar a vernos.
De vez en cuando.
This Song #201
“Lend Me Your Comb”, compuesta por Kay Twomey, Fred Wise y Ben Weisman. Interpretada por Carl Perkins “The Rocking Guitar Man”, publicada como cara B de su single “Glad All Over”, por Sun Records en diciembre de 1957.
Lend me your comb,
it’s time to go home.
I got to go past,
my hair is a mess
Your mammie will scold,
your pappie will shout.
Unless we come in
the way we went out.
Kissing you was fun honey
but thanks for the date.
But I must come to run honey,
but you know baby it’s getting late.
Just wait till I say:
my darling,
lend me your comb.
We got to go home.
Kissing you was fun honey
but thanks for the date.
But I must come to run, honey.
but sugar, it’s getting late.
Just wait till I
say: my darling,
lend me your comb.
We got to go home.
El Código Cosimo
La importancia de Cosimo Matassa, hijo de sicilianos emigrantes a los Estados Unidos, es inconmensurable. Este oriundo de Nueva Orleans “sencillamente” fue el artífice del mejor Rhythm and Blues que se produjo desde finales de los años cuarenta hasta principios de los setenta, en la ciudad creciente del sur estadounidense.
Propietario de cuatro estudios de grabación, y, ante todo, ingeniero de sonido autodidacta, fue un cazatalentos inigualable y un pergeñador de grabaciones épicas e inolvidables. El gran Mack Rebennack, “Dr John” declaró sobre Matassa: “Preparaba todo lo necesario para grabar y raramente movía alguna cosa. Desarrolló lo que se conoce como el “Sonido Cosimo”, que se componía de una batería sólida, un bajo consistente, un piano ligero, una guitarra potente y un sonido ligero de viento, con una voz solista fuerte. Fue el comienzo de lo que, más tarde, llegó a conocerse como el sonido de Nueva Orleans”.
Por su estudio pasaron Little Richard, Fats Domino, Lee Dorsey, Aaron Neville, Robert Parker, Professor Longhair, Big Joe Turner o Allen Toussaint. Bajo su dirección y coordinación trabajaron los mejores músicos de la ciudad: el pianista James Booker, el baterista Earl Palmer, los saxos Alvin “Red” Tyler o Lee Allen y el gutarrista Ernest McLean ……por nombrar los más ilustres.
Ahora en http://cosimocode.com/ , una intrépida página web dedicada a su sonido, su vida y, ante todo, al ejemplo deslumbrante de la música que ayudó a elaborar se puede hacer uno a la idea de la maravillosa aportación de un hombre sensato, humilde y con una avezada dote natural para detectar auténticas obras de arte.
Obras de arte de no más de tres minutos de duración. Eso que se llaman canciones.
Y, ni más ni menos, que en Nueva Orleans.
El forjador de una de las músicas más trepidantes y de mayor influencia para aquello que llaman rock.
Visiten la página: un auténtico placer de dioses al alcance de cualquiera.
La Felicidad Delirante De La Entrevista
“Face To Face” fue un programa antológico de la BBC británica, emitido desde 1959 hasta 1962 y presentado por John Freeman, político laborista y diplomático. Incisivo en sus preguntas, sagaz, entrevistó, con mayor o menor fortuna a personajes como Bertrand Russell, Carl Gustav Jung, John Huston, Albert Finney o, quien nos ocupa hoy, el escritor británico Evelyn Waugh. Un formato parecido lo desarrolló con desigual fortuna el periodista Joaquín Soler Serrano en la televisión española, quien incluyó a personajes literarios predominantemente.
La entrevista a Waugh (uno de mis escritores predilectos) es particularmente tensa, enigmática, tirante, distante. Evelyn Waugh, aún a pesar de ser ya un escritor de prestigio y columnista reputado, pasaba por uno de sus frecuentes períodos de penuria económica causados por sus alegres y un tanto impetuosos dispendios. Adoptando una pose de escéptico gélido, Waugh, a la pregunta de Freeman de porqué había aceptado la invitación de acudir al programa (a pesar de su renuencia atávica a acudir presto a los requerimientos de los medios de comunicación), declara sin rubor: “Pobreza. Ambos hemos sido contratados para hablar de esta manera delirantemente feliz”. Por aquel tiempo, además, (junio de 1960) Waugh ya había superado un episodio de psicosis que, parcialmente, había sido reflejado en su novela “The Ordeal Of Gilbert Pinfold”, publicada en 1957 y objeto de muchas sabrosas referencias durante la entrevista.
Respuestas lacónicas, cortantes como navajas afiladas, muchas de ellas repletas de ironía viscosa. Aunque quizá lo que más me atraiga, inconscientemente, es la hipocresía y corrección británicas, la mordacidad de la mirada de Waugh: un tipo que alcanzó la perfección en muchas de sus páginas, pero que dejaba mucho como desear como ser humano. Aún así, aquí se muestra descaradamente atractivo y cautivador.
Como en sus deliciosas letras impresas.
Rhythm Power
Conocí musicalmente a Richie Havens a partir del disco de celebración del 30 aniversario de la carrera artística de Bob Dylan, publicado en 1993. Por allí desfilaron interpretaciones sublimes (otras no tanto) del repertorio del de Minnesotta, pero recuerdo, con un brillo particular y completamente cautivador, la versión que Havens realizó de “Just Like A Woman” (incluida originalmente en su álbum de 1967 “Mixed Bag”).
Su capacidad rítmica en su guitarra acústica (su guitarra englobaba el efecto de una banda al completo) y su voz grave y de efecto poderoso, su manera de apropiarse completamente de una canción ajena. Efectos fulminantes en mi sensibilidad.
Havens, casualmente, abrió el posteriormente manoseado, explotado y manipulado festival de Woodstock de 1969 con una actuación de tres horas, completamente improvisada: alcanzó la cima de su popularidad, después de que se hubiera bregado en el circuito folk estadounidense y hubiera publicado, por entonces, ya cinco álbumes.
Particularmente apreciado por sus versiones de otros, Havens se fue de este mundo material en el día de ayer a los 72 años.
Poderío rítmico. Un músico intenso.











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