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I Met The Walrus
Jerry Levitan, un chavalito de 14 años y fanático segudior de The Beatles, logró entrevistar a John Lennon en Toronto, cuando éste se disponía a participar en el festival “Sweet Toronto Peace Festival”, junto a la Plastic Ono Band, integrada por Alan White, Klaus Voormann, Eric Clapton, John y Yoko. El resultado es este corto de animación en el que se plasman muchas ideas de John sobre la paz, sobre la vida…….
Alma
Un corto espeluznante de un granadino, colaborador de Pixar. Rodrigo Blaas es su nombre. Mastretta es el autor de la música
Alma from Rodrigo Blaas on Vimeo.
This Song #39
Ev’ry time I’m walking all down the street
Some pretty mama start breaking down on me.
Stop breaking down, baby, please, stop breaking down.
Stuff is gonna bust you brains out, baby,
Gonna make you lose your mind.
You Saturday night women, now, you just ape and clown,
You don’t do nothing but tear my reputation down.
Stop breaking down, mama, please, stop breaking down.
Stuff is gonna bust you brains out, baby,
Yeah, it’s gonna make you lose your mind.
I love my baby ninety nine degrees,
But that mama got a pistol, laid it down on me.
Stop breaking down, baby, please, stop breaking down.
Stuff is gonna bust you brains out, baby,
Yeah, gonna make you lose your mind.
Ev’ry time I’m walking all down the street
Some pretty woman start breaking down on me.
Stop breaking down, mama, please, stop breaking down.
Stuff is gonna bust your brains out, baby,
Gonna make you lose your mind.
Le Temps Ne Fait Rien Á L’Affaire
El tiempo no tiene nada que ver
Cuando son nuevecitos
Cuando salen del huevo,
Del capullo
Todos los jóvenes mocosos
Toman a los viejos
Por gilipollas
Cuando se han convertido
En cabezas canas
En canosos
Todos los viejos gilipollas
Toman a los jovenzuelos
Por gilipollas
Yo, que me balanceo entre las dos edades
Yo les dirijo a todos un mensaje
La edad no tiene nada que ver
Cuando se es gilipollas, se es tonto
Que se tenga veinte años, que se sea abuelo
Cuando se es gilipollas, se es gilipollas
Que no haya más controversias entre vosotros
gilipollas caducos o tontos debutantes
Gilipollitas de la última cosecha
Viejos gilipollas con solera.
Vosotros, gilipollas que empezáis
Gilipollas inocentes
Gilipollas jóvenes
Que, no lo neguéis,
Tomáis a los papás
Por gilipollas
Vosotros, gilipollas mayores
Gilipollas veteranos
Viejos gilipollas
Que, confesadlo,
Tomáis a los jóvenes
Por gilipollas
Meditad el imparcial mensaje
De un tipo que se balancea entre dos edades
La edad no tiene nada que ver
Cuando se es gilipollas, se es gilipollas
Que se tenga veinte años, que se sea abuelo
Cuando se es gilipollas, se es gilipollas
Que no haya más controversias entre vosotros
Gilipollas caducos o gilipollas debutantes
Gilipollitas de la última cosecha
Viejos gilipollas con solera.
This Song #38
Ce soir le vent qui frappe à ma porte
Me parle des amours mortes
Devant le feu qui s’ éteint
Ce soir c’est une chanson d’ automne
Dans la maison qui frissonne
Et je pense aux jours lointains
[Refrain:]
Que reste-t-il de nos amours
Que reste-t-il de ces beaux jours
Une photo, vieille photo
De ma jeunesse
Que reste-t-il des billets doux
Des mois d’ avril, des rendez-vous
Un souvenir qui me poursuit
[Más Letras en http://es.mp3lyrics.org/zeT3%5D
Sans cesse
+
Bonheur fané, cheveux au vent
Baisers volés, rêves mouvants
Que reste-t-il de tout cela
Dites-le-moi
+
Un petit village, un vieux clocher
Un paysage si bien caché
Et dans un nuage le cher visage
De mon passé
Les mots les mots tendres qu’on murmure
Les caresses les plus pures
Les serments au fond des bois
Les fleurs qu’on retrouve dans un livre
Dont le parfum vous enivre
Se sont envolés pourquoi?
Melancolía Del Fin
Que los jóvenes no lean, apenas escandaliza a nadie pero si la cultura dominante es actualmente la cultura audiovisual, ¿por qué tampoco les interesa la pintura?
En la frondosa y larga cola que formaba la gente para ver la actual exposición Impresionismo en la fundación Mapfre de Madrid no había a la espera una sola persona menor de 30 años. Los jóvenes pasaban y no entraban, miraban y pasaban.
La pintura del siglo XIX, como la música “clásica”, como los más importantes libros y películas que seguíamos con arrobo, componen ya un grande y pesado fardo de otros siglos que los adolescentes y los jóvenes adultos han tirado por la borda sin lamentar su fin. ¿Han quedado por tanto depauperados sin saberlo, despojados de la cultura y de su riquísimo botín?
La respuesta más común consiste en juzgar su despecho tremendo como pura ignorancia y en estimar su desasimiento de esas grandes obras como una equivocada manera de sortear todo lo bueno y lo sabroso para alimentarse de comida basura.
Sin embargo, ¿cómo no tener en cuenta que la cultura es la cultura de cada época, cambia con ella, y de ningún modo existe modelo absoluto que traspase los siglos por mucho que se admire la Ilustración?
¿Pinturas enmarcadas? ¿Sinfonías solemnes? ¿Lecturas parsimoniosas? El tiempo que ahora discurre es incompatible con la majestad, la jerarquía y la lentitud. Es incompatible con la reflexión, la concentración y la linealidad para ser, por el contrario, veloz emocional, complejo e interactivo.
De este modo, cualquier profesor de universidad o de escuela que, impulsado por su entusiasmo, pretenda comunicar el disfrute de esa cosmología chocará con mentalidades extrañas, radicalmente apartadas de ese universo cultural.
Al contrario de lo que suele pregonarse, el esfuerzo para que los chicos lean a Cervantes o a Manolo Longares, aprecien los conciertos de Brahms o celebren la pintura de Manet y Ráfols-Casamada es una marcha atrás, con lo que en lugar de hacerles avanzar los convertirá en “retrasados”.
A la escuela se le escapó de las manos la enseñanza de la fotografía, del cine, de la televisión, de la publicidad o de la música pop por considerarlos fenómenos de baja calidad, totalmente indignos de llamarse cultos.
Ahora está ocurriendo algo parecido. Las lágrimas derramadas porque los chicos no cojan un libro o no sepan valorar a Gerhard Richter impedirán ver la cultura que bulle en la red y donde, desde el net-art a las nuevas fórmulas narrativas, desde el rap o los grafiti, constituyen un sistema en el que la instrucción y el pensamiento crítico tienen mucho que hacer.
Definitivamente, el mundo no regresará a la despaciosa lectura bajo la luz de gas, ni a los conciertos de cámara, ni a El castillo, de Kafka. La cultura es lo que es y no son ellos, los adolescentes y jóvenes adultos, quienes se están ahorcando en su posible ignorancia, sino los adultos quienes, rezagados, vagan como zombis entre la melancolía de la desaparición.
Hace sonreír que a los líderes políticos se les ocurra como medio de actualizar la enseñanza, cambiar un curso de nombre y erigirse por ello en reformadores de la educación. Hace llorar que todos nosotros, ilustrados en la divinidad del libro y sus correspondientes arcángeles, nos obstinemos en que todo el futuro deba parecerse, en cuerpo y alma, a nuestra aún amada descomposición.
VICENTE VERDÚ
Quiero y (No) Leo
El amor perjudica seriamente la lectura. Una reciente encuesta acerca de los hábitos de ocio de los jóvenes franceses entre los 18 y los 30 años publicada por el semanario LivresHebdo arroja datos no muy distintos de los que podrían extraerse de un estudio semejante realizado en España. El fuerte descenso en el tiempo dedicado a los libros que se registra al final de los estudios se agrava en el caso de quienes emprenden una vida en pareja: de hecho, la “verdadera ruptura en las prácticas de lectura” tiene lugar precisamente en el paso de la vida “soltera” a la vida en pareja, aunque “se recupera muy ligeramente” con la llegada de los hijos.
En realidad, la encuesta no revela nada ajeno a la experiencia común. Tras el primer aprendizaje, realizado en el contexto hiperprotegido de la familia, el mundo de la escuela y los estudios constituye un ámbito de socialización particularmente proclive a esa peculiar instancia de conocimiento que es la lectura. La amistad, en la que se comparten descubrimientos y sensibilidades, implica también la lectura de los mismos libros y el debate acerca de lo que significan y aportan. No he conocido nunca a un lector que no sea deudor del consejo de los amigos de la juventud.
¿Qué pasa luego? Bueno, ya lo saben. El amor, cuando irrumpe, implica compromisos mayores y, sobre todo, tiempo. Lo que cada cual conoce del amor puede haberlo leído en los libros que ha frecuentado (y de los que, quizás, le ha quedado memoria imborrable), pero vivirlo es la prueba definitiva. Y eso requiere plena dedicación. Uno puede tener amigos y llegar a casa (aunque sea tarde) y ponerse a otra cosa (a leer, por ejemplo). Pero el amor resulta más absorbente, sobre todo cuando los amantes logran autonomía suficiente como para formar su pareja y ponerle techo al conjunto: el primer hogar propio. Sus exigencias -mientras dura, que ésa es otra- suelen ser vertiginosas y exigen un tiempo que hay que robarle a otras actividades, incluida la lectura. La ventaja es que después, cuando uno ha conocido el amor, también se lee de otro modo (sobre todo novelas). De modo que para leer mejor no sólo hay que “haber leído”, como quería el filólogo Leo Spitzer, sino también haber amado.
En cuanto a la amistad, aquel segundo (cronológicamente) ámbito de la sociabilidad y los afectos, la encuesta no revela contraindicaciones para la lectura. Claro que tendríamos que ponernos de acuerdo acerca de qué hablamos cuando hablamos de ella. ¿De la misma que se profesaban Gilgamesh y Enkidu, los primeros amigos de la literatura? ¿De la que ensalzan Cicerón y Séneca? ¿De la que añora la señora Woolf cuando se queja en Una habitación propia de que jamás ha encontrado en los libros la descripción de una verdadera amistad entre mujeres? ¿O de la que proponen Facebook y demás redes sociales? Mientras diversas encuestas dan cuenta del significativo descenso de los “amigos íntimos” en los países industrializados, especialmente entre los varones (¿miedo a la homosexualidad?), Facebook parece proponer un amplio concepto de la amistad sin fronteras (la hija adolescente de mi vecino presume de sus 123 amigos) ni mayores exigencias que el tiempo que se les dedica. Desaparecen o disminuyen los amigos/as íntimos/as, pero aumentan como hongos los “amigos”. En su libro How many friends does one person need? (Faber) Robin Dunbar, un biólogo evolucionista de Oxford, afirma que el tamaño de nuestro neurocórtex nos impone un límite máximo de 150 amigos, más allá de los cuales no podemos manejarnos con eficacia. A la hija de mi vecino le faltan muy pocos, pero Facebook hace milagros. Y, aunque, al parecer, la joven todavía no conoce los éxtasis y suplicios del amor, supongo que sus amigos virtuales tampoco le dejan mucho tiempo para libros.
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
Bobby Charles
Hoy me he enterado de la desaparición física de uno de los grandes, compositor, productor, arreglista e intérprete, Bobby Charles. Casualmente, hace dos años, publiqué en Requesound este artículo que reproduzco ahora, como mi homenaje más personal a este gigante musical. Hasta pronto, Bobby.
Robert Charles Guidry. Seguramente nadie conoce este nombre. Aunque si digo Bobby Charles, nadie, excepto algunos devotos de The Band (entre los que me incluyo), tampoco se atrevería a afirmar que este tipo ejerció como héroe musical en su Lousiana natal. Incluso en Lousiana, hay muchos aficionados que se encogen de hombros cuando se les menciona su nombre artístico.
Étnicamente, Charles es un Cajun (descendiente de colonos franceses, provenientes de Canadá, al menos eso tengo entendido), un grupo étnico poblador de Lousiana, tradicionalmente marginado y cultivador de una música festiva y extraordinaria. Charles escuchó con fruición la música de su pueblo, mientras conjugaba su pasión con escuchas furtivas en la radio de Hank Williams.
Su infancia transcurre en la más absoluta pobreza, dependiendo del ínfimo salario de un padre, conductor de un camión de gas. Evadiéndose de la sordidez rural siente pasión por la música y a los catorce años se enrola en una banda de instituto.
Bobby levantaba pasiones, por su característico rizo a lo Estrellita Castro, su pelo engominado, su constitución atlética y su voz. “Nadie en mi familia quería que me involucrara en el negocio de la música, pero siempre me encantó. La primera vez que escuché a Hank Williamas y a Fats Domino, me dejaron alucinado. Cuando era un chaval, solía rezar para convertirme en un escritor de canciones como ellos. Supongo que mis oraciones fueron escuchadas”.
Y tanto que fueron escuchadas, ya lo creo. Inspirado por sus devaneos por los bares y por la parroquia que acudía a los mismos, Bobby escribe “See You Later Alligator” y ,casualidades de esta vida (quizás los hechos más importantes en la vida de un hombre vienen determinadas por meras casualidades), a través del dueño de una tienda de discos de Louisiana, amigo de Leonard Chess (el de la Chess de Chicago), contacta con éste telefónicamente e interpreta la canción en vivo y en directo. Chess le contrata, pensando que era negro y le asegura la grabación del single, adoptando el nombre artístico de Bobby Charles por primera vez. Corría el año de 1955 y Bobby tenía solamente 17 años.
Después de graduarse en el instituto, el joven Charles se embarca en una gira, promovida por Chess, siendo el único blanco en la expedición. Su condición de único blanco entre artistas negros le valió ser el destinatario de muchas amenazas, criticándose su indeseable interacción con la “escoria negra”.
“Nunca quise ser una estrella. He tenido suficientes problemas, te lo aseguro. Si solamente conseguiría ser escritor de canciones, sería feliz. Gracias a Dios he tenido la inmensa fortuna de que mucha gente haya grabado mis canciones”.
Después de grabar para Chess durante dos años, Bobby se va a Imperial Records, después de que su primer single fuera popularizado por Bill Haley y sus Comets. Siendo un artista solamente dirigido hacia el público racial, Charles se fue curtiendo desde su sensibilidad “cajun” para la música. Sin embargo, su suerte como intérprete no corrió paralela a aquélla como escritor de canciones. Colabora con muchos grandes, entre otros, Fats Domino o Clarence “Frogman” Henry, durante los años sesenta.
Y también vive, durante la década prodigiosa, al límite. Compañero de juergas de muchos, entre otros Neil Young y Bob Dylan, no recuerda con demasiado afecto esa época: “Amar y perder, conozco ese dolor. Y la cocaína mató a muchos de mis amigos. Richard Manuel (componente de The Band) se ahorcó en una cochambrosa habitación de motel. Y luego está Paul Butterfield. Odio esa droga”.
Cuando empiezan los setenta, Charles se mueve a Woodstock, en el estado de Nueva York, lugar de residencia de The Band. Allí es donde se pergeña su debut discográfico en formato Long Play, con la ayuda de su íntimo amigo y miembro de The Band, el maravilloso Rick Danko. En realidad, toda la Banda, excepto Robertson, toca en el álbum “Bobby Charles”, toda una obra maestra ya comentada en su día por un servidor en estas mismas páginas (en la sección “Discos”). Toda una maravilla, con colaboraciones de amigos insignes de Bobby, aparte de The Band, Dr John, Amos Garrett, o John Simon.
A pesar de ser un álbum delicioso “Bobby Charles” no vendió un pimiento y, después de grabar con Paul Batterfield, Bobby, desencantado, abandona el negocio y se retira hasta que aparece como un fantasma en el disco “The Last Waltz” (no así en la película del mismo nombre), la magnífica despedida que The Band celebró en el Winterland de San Francisco, en 1976.
Después de grabar con el fabuloso Spooner Oldham (grabaciones que no vieron la luz y que podrían cotar la respiración), Bobby se recluye. Y lo hace a lo grande: en más de una década nadie sabe de él. Sin embargo, sus apariciones han sido completamente esporádicas, puntuales, con cuentagotas. Grabando álbumes muy concretos, con altos y bajos.
Enamorado del mar, Bobby ha vivido en el golfo de México hasta que, en 2005, el huracán Rita destrozó su hogar.
Ahora vive en una caravana, a las afueras de su ciudad natal de Abbeville. Casi como un ermitaño: “Realmente no tengo a nadie, no tengo mucho en común con la gente con la que fui al instituto. Todavía les quiero como amigos, pero no tengo nada que decirles. De todos modos, no se creerían ni la mitad de lo que me ha sucedido en la vida. “
Discografía recomendada:
“Bobby Charles”, Stony Plain, 1972 “Secrets Of The Heart”, Stony Plain, 1998









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