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La Linterna Mágica #6


La figura iconográfica de Jacques Tati, una figura reverenciada por muchos en Francia (muchos han alzado sus voces ante la censura de la pipa – estamos en la pestilente sociedad de lo asquerosamente y políticamente correcto – en la figura de Monsieur Hulot, el personaje que Tati encarnó muchos años) es dramáticamente desconocida en España; y estamos ante uno de los mejores y más personales directores de Europa. Sin embargo, todavía hay mucho de pose y el desconocimiento general de verdaderos artistas europeos está muy generalizado.

Tati fue un jugador de rugby profesional y descendiente de nobles rusos; un buen día, sus preferencias por la escena le lanzaron a actuar como mimo en variados music – halls de París, buscándose la vida en el cine, haciendo apariciones esporádicas que se basaban en su asombrosa capacidad para la mímica. Su aplomo y su apariencia física deslumbrante le ofrecieron la posibilidad de desarrollar coreografías gestuales inauditas, elaborando su arte dentro de los parámetros del genial Chaplin. Tati actuaba, como Chaplin, con su cuerpo, como instrumento decisivo de la coreografía escénica.

Debuta en el largometraje en 1949, pero la obra por la que Tati se aupó a mis olimpos artísticos particulares fue “Mon Oncle” (“Mi Tío), un film asombrosamente inteligente, con una puesta en escena que acaricia la perfección y de una simplicidad engañosa: Tati fue siempre un perfeccionista. La confección de los gags era milimétrica, la escenografía y los decorados estaban cuidados hasta el más mínimo detalle. Y es una película prácticamente muda: se llevó el premio de la Crítica del Festival de Cannes y el Oscar a la mejor película extranjera.

“Mon Oncle” exhala vitalidad. Un tío absolutamente transgresor (el propio Tati ejerciendo del entrañable Monsieur Hulot) enseñando el fundamento de la libertad a su sobrino, encorsetado en el ambiente malsano y gris de sus padres, en el  mundo consumista, materialista y estúpido de la sociedad urbana y “moderna”.

“Mon Oncle” es una exhibición de artesanía cinematográfica, un alarde de inteligencia, de vitalismo bien entendido. Una película transgresora que atacaba al corazón de una sociedad aplastada por el materialismo dictado por las grandes corporaciones, por los medios de comunicación.

Jacques Tati hizo más y deliciosas películas, pero “Mon Oncle” es uno de los mejores himnos vitalistas que he podido contemplar en una pantalla. Una sinfonía inteligente para saber alegrarnos de que estamos vivos.

Categorías:Cine
  1. diciembre 15, 2009 a las 4:36 pm

    Una absoluta delicia. Carpe Diem, en francés, se dice Mon Oncle

  2. Jorge
    marzo 24, 2010 a las 9:39 am

    Tati es increíble. Sus películas, igual que las de Chaplin, demuestran los vacías, estúpidas y detestables que son el 95% de las que se hacen hoy en día.

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