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La Linterna Mágica #7


Mi veneración por Fernando Fernán Gómez viene de lejos, desde que vi con delectación una añeja película española, titulada “El último Caballo” de un maestro – sí, español, y no es ni Almodóvar ni Buñuel, ¡oh cielos! – del séptimo arte llamado Edgar Neville, hilvanador de obras de arte cinematográficas y humorísticas inmisericordemente olvidadas. Siempre admiré la capacidad artística de Don Fernando, centrada ésta en el arte dramático de la interpretación.

Mi sorpresa fue en aumento cuando pude descubrir la faceta de Don Fernando, esta vez escritor. Seguía con avidez sus artículos clarividentes en el País Semanal, conjuntamente con los relatos magistrales de Vicente Verdú, puñetazos saludables y removedores de conciencias hipócritas y farisaicas.

Me cai de espaldas cuando pude asombrarme con la película que hoy comentamos, la sórdida y tragicómica historia de un grupo de cómicos, de aquellos llamados “de la legua”, que iban de pueblo en pueblo con la loable intención de entretener a la gente del mísero ambiente y de la puta vida a la que se enfrentaban todos los días. Director, intérprete y guionista de una película que, ceñida al corte clasicista del mejor cine norteamericano, supo desentrañar la españolidad más castiza de una época nebulosa, estridentemente sórdida como fue la postguerra española.

La película, en sí, descansa en el buen hacer genial de unos intérpretes que ya no trabajan en el cine español actual: José Sacristán, Gabino Diego, Juan Diego, Miguel Rellán…..y el de otros, que, desafortunadamente, ya no están en este mundo material: Mª Luisa Ponte, Queta Claver, Agustín González…….Es, un implícito homenaje a ellos, a la raza más asombrosa de actores de cine, de teatro y de televisión que ha tenido España.

La sutileza entre tragedia, la tragedia cotidiana, y comicidad es puramente chapliniana en esta cinta monumental, que muestra la melancolía voraz de una época que termina, el ocaso de un oficio que desaparece en aras del cinematógrafo, es invento infernal que amenaza con quitar las lentejas a unos actores que se gana el puchero yendo de pueblo en pueblo en una España desolada.

El ocaso irremediable de un modo de vida, en una película justa, concisa, elegantemente facturada, con un guión deslumbrante y una factura impecable.

Una metáfora del ocaso irremisiblemente trágico de una época del cine español, de unos actores irrepetibles, de un cine que alcanzó las cimas de la más vitalista inteligencia.

Categorías:Cine
  1. febrero 8, 2010 a las 5:15 pm

    Pues a ver qué tal con la que acaba de sacar Emilio Aragón (creo que su debut como director) que parte de una trama argumental similar; cómicos itinerantes en tiempos difíciles…
    Un saludo!!

  2. febrero 8, 2010 a las 8:06 pm

    Todo un placer contemplar esta cinta, que tú ya defines muy lúcidamente.
    Artistas huyendo la miseria a través de su arte, menos mal que no exisstía la SGA€, sino les hubieran multado!
    Y sobre Fernando, qué te voy a contar, recuerda “El tiempo amarillo” sus memorias, no dejes de leerlas.
    Un placer verte por aquí…
    Un beso muy sentío.

  3. febrero 9, 2010 a las 3:38 pm

    Excelente película, que muchos deberian empezar a visionar repetidamente en estos tiempos….

    Carpe Diem

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