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La Linterna Mágica #9


Entre nobles anda el juego. Giusseppe Tommassi Di Lampedusa, el autor de la novela titulada “El Gatopardo” fue un príncipe menor de la isla mediterránea de Sicilia, pero príncipe al fin, inmerso en las costumbres ancestrales de la nobleza siciliana, una intrincada miríada de influencias, destacando la pátina inconfundible de la nobleza española, una de las más influyentes y presentes en la isla de Sicilia.

Su novela, en la que escondía su melancolía por un pasado envuelto en la nebulosa de la grandeza de Sicilia (si es que alguna vez tuvo alguna, una isla saqueada por numerosos pueblos, conquistada a lo largo de su historia, sometida, en definitiva)

Luchino Visconti, originario del Norte, fue también hijo de un conde, uno de los siete vástagos de una familia noble y muy rica. Una clase pudiente. Lo que sucedió es que Luchino fue, a su manera, un contestatario: nunca escondió su, por otro lado, discreta homosexualidad y pronto se afilió al partido comunista italiano. Un ejemplo de aristócrata comunista y homosexual, todo un escándalo en la pacata y acomodaticia sociedad italiana de la dura posguerra

Luchino Visconti comenzó en el cine, nada menos que como ayudante de dirección de otro maestro cinematográfico, Jean Renoir. Su inquietud artística e intelectual se manifestó también a través de la escritura y de la dirección artística de grandes óperas, muchas de ellas protagonizadas por Maria Callas, en el apogeo máximo de la Scala de Milán.

Visconti y Sicilia: cómo un italiano del norte, casi un extranjero en la sociedad siciliana, puede captar la esencia de la novela de Lampedusa (otro personaje digno de estudio), características clave del pueblo siciliano, un pueblo enigmático, austero, cerrado…….una isla que, personalmente, me causa paz y, sin embargo, desasosiego. Apabullante por su árida belleza, por su expresividad plástica, por sus legados artísticos….una isla a descubrir y a la que volveré irremediablemente.

Visconti ya había trabajado con material siciliano en “La Terra Trema”, una película interpretada por lugareños del pequeño pueblo de Aci Trezza, que visité con mi mejor amigo en un inolvidable viaje – el primero, pero no el último – a la brillante isla mediterránea. Obtuvo el león de oro del Festival de Venecia, en 1948 y asentó una manera diferente de acercarse al neorrealismo italiano, con un formalismo destacado y más sofisticado.

También aborda la sociedad siciliana, al menos tangencialmente, en su extraordinaria película “Rocco y Sus Hermanos”, en la que analiza el fenómeno masivo de la emigración de la Italia del Sur hacia el Norte, un drama en el que aparecieron Alain Delon y Claudia Cardinale, actores que repitieron en “El Gatopardo”.

“El Gatopardo” supuso la exaltación barroca de Visconti. La grandeza exuberante de la puesta en escena de la novela de Lampedusa es fascinante. Visconti se encerró con su equipo nueve meses largos para planificar la película, una vuelta de tuerca en su capacidad como cineasta. Sorprendió a todo hijo de vecino cuando se decidió por Burt Lancaster como protagonista de la película: realmente, además de ser un actor no italiano y una estrella ya asentada en Hollywood, Lancaster tenía el sambenito de actor puramente físico, protagonista de películas del Oeste y de aventuras, aunque había demostrado ya su capacidad dramática de actor serio y solvente en películas como “Mesas Separadas”, “El Fuego y La Palabra” o “El Hombre de Alcatraz”.

Visconti acertó de pleno: Lancaster es el perfecto príncipe de Salina, elegante, atlético, iracundo, derrochando respeto, pero comprensivo a la vez. Un hombre que se consume al mismo tiempo que su clase social va siendo abducida por los vertiginosos acontecimientos provocados por el “Risorgimento”, el movimiento de unificación italiana abanderado por Garibaldi. Un hombre angustiado que ya solo espera la muerte, aunque se aferra a la vida en su prolongación, el futuro diputado del nuevo parlamento italiano, el intrépido Alain Delon, quien interpreta a Don Tancredi, mujeriego, un noble revolucionario arruinado que representa el futuro de Italia (que, por otro lado, no aparece como muy halagüeño en la película)

Nunca encuentro las palabras para describir la explosión sexual, descarada, fresca, de alto voltaje de Claudia Cardinale, quien interpreta a la hija de un alcalde (interpretado magistralmente como siempre por ese actor secundario italiano llamado Paolo Stoppa) , burdo e incluso grotesco, pero poseedor de una inmensa fortuna. Delon cae a sus pies de manera instantánea. Representan la nueva sociedad italiana: un noble arruinado, fanfarrón y busca vidas se casa con la hija de un nuevo rico, en fase ascendente.

Pero lo mejor de la película es la extraordinaria sensibilidad que se esconde en cada plano, en cada secuencia, esa atmósfera absolutamente mágica que Visconti recrea en cada fotograma. La duración inicial del film – casi tres horas y media – tuvo que acortarse debido a problemas con la distribuidora: Visconti siempre repudió los cortes impuestos por la productora y distribuidores.

Y Nino Rota compone otra banda sonora inolvidable.

Magnificencia evocadora, atmósferas deudoras de un pasado que no es y de un presente que promete cambiar todo para que, en definitiva, nada cambie.

Categorías:Cine
  1. abril 7, 2010 a las 10:10 am

    Una obra maestra, detallista acogedora y cercana a la vez que turbadora….

    Excelente

    Carpe Diem

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