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Archive for 31 mayo 2010

This Song #61


“La Javanaise”, compuesta e interpretada por Serge Gainsbourg, publicada por primera vez en 1962.

J’avoue
j’en ai
Bavé
pas vous
mon amour
avant
d’avoir
eu vent
de vous
mon amour-
ne vous déplaise
en dansant la Javanaise
nous nous aimions
le temps d’une chanson-
a votre
avis
qu’avons
nous vu
de l’amour
de vous
a moi
vous m’a-
vez eu
mon amour- hélas
avril
en vain
me voue
a l’amour
j’avais
envie
de voir
en vous
cet amour- la vie
ne vaut
d’être
vécue
sans amour
mais c’est
vous qui
l’avez
voulu
mon amour

Categorías:múSica

Mark Lavon Helm


Mark Lavon Helm, uno de los bateristas con más sentimiento, poderoso vocalista de excepción y fundador de The Band cumple hoy 70 años.

Criado en plantaciones de algodón, en un entorno de la rural Arkansas, Levon Helm (así quedó su nombre artístico para siempre) bebió fuentes caudalosas de música, destacando el blues y la música folk y hillbilly que flotaba en el aire de la América profunda. Cuando contaba seis años de edad, asiste a su primer concierto en directo, la actuación de Bill Monroe y sus Blue Grass Boys: “Causó una huella indeleble en mi mente. Nunca he olvidado esa experiencia”. La familia de Levon era una gran aficionada a la música que se escuchaba en la radio, sobre todo los programas en los que aparecía el gran músico de blues Sonny Boy Williamson, una de las influencias más intensas en el espíritu musical del joven Levon.

Cuando tuvo nueve años, su padre le regala una guitarra y las facultades musicales del joven Levon comienzan a tener un vehículo perfecto para su desarrollo. Su hermana Linda se une a su hermano y juntos comienzan a interpretar canciones populares y grandes éxitos de la época, formando el grupo Lavon and Linda, en el que Levon soplaba la harmónica y rasgaba las cuerdas de su guitarra y Linda sacaba sonidos de su bajo rudimentario. Los hermanos pronto se convirtieron en toda una sensación dentro del área de Helena (Arkansas), ganando numerosos concursos de jóvenes talentos.

El horizonte musical de Levon se amplía y adquiere dimensiones insospechadas: A sus 14 años presencia un concierto de Carl Perkins y Johny Cash y de un jovencito llamado Elvis Presley, con Scotty Moore a la guitarra y Bill Black al contrabajo. Al año siguiente, en 1955, queda anonadado con Elvis, esta vez con Moore a la guitarra, DJ Fontana a la batería y Bill Black tocando el bajo eléctrico. El rock’n roll estaba en pleno proceso de nacimiento y Levon queda completamente estupefacto al observar las potencialidades que ofrece el nuevo sonido, mezcla de hillbilly y rhythm and blues.

Animado por los nuevos aires musicales que iban pergeñandose, Levon funda su primer grupo los Jungle Bush Beaters. Por aquella época, Levon, deslumbrado por el baterista de Jerry Lee Lewis, Jimmy Van Eaton, empieza a considerar seriamente tomar las baquetas y convertirse en baterista. Algo que pone en práctica con sacrificio, tesón y pasión.

En 1957, la vida cambia de manera radical para el joven Levon, cuando se topa con Ronnie Hawkins “The Hawk”, un intérprete explosivo de rock’nroll quien acaba enrolando a Levon en su banda como baterista, para iniciar una gira por Canadá. Allí, la magia y la química empieza a imbuir a los Hawks, el nombre de la banda de Hawkins. Richard Manuel, Robbie Robertson, Rick Danko y Garth Hudson, cuatro muchachos canadienses, comienzan a desplegar sus virtudes musicales junto a Levon, configurando la banda de acompañamiento del Halcón: fueron los Hawks desde primeros de los sesenta. Los hawks tuvieron tanto éxito en el circuito canadiense, que se convirtieron en la mejor banda del país y una referencia musical esencial. Tal es así, que abandonan a su mentor y alzan el vuelo en solitario, pasando a llamarse Levon & The Hawks.

El resto ya está inscrito en letras de oro en la historia de la música popular norteamericana: la primera gira eléctrica con Bob Dylan en 1965, su reclusión en Woodstock y la aparición de The Band un grupo absolutamente irrepetible, completamente personal y con sonidos puramente originales.

Con Robbie Robertson en The Band

Levon, tras la separación del grupo en 1976, comienza a grabar en solitario (destacando el divertido Levon Helm and the RCO All Stars, publicado en 1978). En 1983 reúne a sus compañeros de The Band (excepto Robbie Robertson) y vuelven a la carretera, publicando, además tres álbumes de estudio. La reunión queda ensombrecida por el suicidio de Richard Manuel, durante una gira en 1986.

A partir de los noventa, y con Levon diagnosticado con un cáncer de garganta, su actividad musical decae, aún a pesar de que, hasta que las sesiones de radiación se lo permitieron, continúa dedicándose con pasión a la música organizando reuniones musicales en su casa de Woodstock, las famosas sesiones de Midnight Ramble, en las que tocan amigos insignes de Levon. Estas reuniones contaban con la participación – y todavía lo siguen haciendo, después de que Levon haya superado su tumor y haya recuperado el 80 por ciento de sus facultades vocales – de Larry Campbell, Amy Helm _la hija de Levon -, Teresa Williams, Brian Mitchell o Little Sammy Davies. Como invitados estelares han tocado gente como Elvis Costello, Allen Toussaint, Dr John, Rickie Lee Jones……

Con Keith Richards

La devoción por la música de Levon, habiendo superado el cáncer que le llevó a pensar que no podría cantar de nuevo, continúa asombrosamente intacta. Todavía sigue organizando sus reuniones musicales y acaba de publicar su primer disco después de 25 años, absolutamente delicioso.

Levon, sin lugar a dudas mi baterista favorito y una de las voces más emocionantes que he tenido el placer de saborear, representa como nadie la perfecta combinación del espíritu musical sureño, aunando las influencias más poderosas que se pueden inhalar en el delta del río Mississippi.

Un héroe musical en toda regla.

Categorías:múSica, peRsonaL

When I Am a King


Una miniatura preciosa elaborada analógicamente (cinco horas de trabajo de media por segundo) a través de la técnica en madera llamada pirografía. Su autor es Sverre Fredriksen, un noruego afincado en Amsterdam. la canción es de un autor holandés llamado Tim Knol

Enjoy!

Categorías:CartOOnS

Hey Bulldog


Categorías:BEATLESONGS

This Song #60


“What’s The Use Of Getting Sober (When You’re Gonna Get Drunk Again)”, no sé quien la compuso, pero fue interpretada por primera vez por Louis Jordan y sus Timpany Five. Aquí la interreta Joe Jackson, incluida en su álbum “Jumpin’ Jive”, publicado por A&M Records en 1981

DV = deep voice, SV = squeaky voice

DV: Boy, you listen to your old Pappy
SV: Yeah, Pappy
DV: And stop drinking so much
SV: I’m-I’m ain’t been doing so much drinking, Pappy
DV: Shut up, boy! You drink all day and you drink all night and you know, son, that that ain’t right
SV: Oh Pappy, you just give me a chance. I, I can, I . . .
DV: Shut up, boy! Boy, you’re lookin’ thin as a twig
SV: I know that . . .
DV: Look likes your dear old Pappy – about to blow your wig
SV: Oh I’m gonna blow my wig, Pappy

What’s the use of getting sober
When you’re gonna get drunk again
Oh Sam done something fine
When he bought that good whiskey, beer and wine
I love my whiskey and I love my gin
Every time you see me I’m in my sin
So what’s the use of getting sober
When you’re gonna get drunk again

DV:
I went out last night about half past one
Thought I’d whoop it up a little and have some fun
I got me a half pint about half past two
Mmm, mmm, the way I was feeling you know what I wanna do
Got me a pint about half past four
Felt so good, went out and got me some more
Got me a quart about half past five
Boy, that was so nice didn’t know if I was dead or alive

So what’s the use of getting sober If you’re gonna get drunk again
Oh Sam done something fine
When he bought that good whiskey, beer and wine
I love my whiskey and I love my gin
Every time you see me I’m in my sin
So what’s the use of getting sober
When you’re gonna get drunk again

Well I’ve been thinking
But I keep drinking
I guess I’m ‘bout lose my mind

Categorías:múSica

Genio De Estudio Al Descubierto


Discos eternos cruelmente ignorados y un toque mágico en casi todas las salsas ajenas, de The Beach Boys a Joanna Newsom, pasando por Randy Newman, Ry Cooder o Vic Chesnutt: “Siempre me ha tocado bailar cuando nadie miraba, ese es mi sino”, admite Van Dyke Parks (Hattiesburg, 1943) desde su refugio en Los Ángeles, en vísperas de su primera actuación en España. Una rareza: “Hasta hace dos meses ni siquiera tenía agente. Sí he tocado varias veces en Holanda, quizá porque por mi nombre piensan que soy de allí. Ya no corro, pero camino rápido, y mientras pueda, quiero salir de mi burbuja y ver algo de mundo”.

Dyke Parks y Brian Wilson

El compositor y cantante, pianista de formación clásica, productor y virtuoso de los arreglos siempre prefirió el anonimato. “Desde que me asenté en California en los sesenta, ambicioné crecer como músico en el estudio -The Byrds, Judy Collins o Tim Buckley le disfrutaron como sesionero-, no los dólares ni la fama. Nunca me atrajo tocar la guitarra eléctrica frente a un tropel de chicas que gritaban. Me gustan las que no chillan”. Parks vive ajeno al faranduleo: “No me interesan los Grammy ni los Oscar ni mirarse tanto el ombligo. Por eso admiro a Paolo Conte, uno de los pocos al margen de eso, y para mí el más grande. El mundo discográfico que conocí ya no existe por culpa de la codicia de las compañías. Pero yo aún pretendo fajarme con las canciones: estoy preparando un álbum. Y acabo de terminar una banda sonora -ha trabajado para Robert Altman, Walter Hill o Jack Nicholson- y casi también un proyecto de música panamericana con sabor spanglish”.

El interés de Parks por otras culturas (“anoche mismo toqué algo de Granados”), desde su rincón californiano y siempre en relación con la estadounidense, no debe sorprender: hay en su obra incluso un par de acercamientos al mundo oriental, el score de la miniserie televisiva Broken trail (2007), sobre la inmigración china en el Far West, y un arriesgado disco de canciones, Tokyo Rose (1989), a propósito de la emergencia de Japón. “Quería comprender a los japoneses y la crisis psicológica que su auge producía en mi país”, asegura. Su ansia por redefinir lo americano le había llevado antes a mirar al Caribe: publicó Discover America (1972), una zambullida en el calipso de Trinidad y Tobago, con letras de perspectiva yanqui. Obra maestra incomprendida, a la que quita hierro: “Era más reflejo que creatividad, dado mi amor por esa música, por su cadencia y la agudeza con la que habla de las necesidades”. En el álbum participó Little Feat. “El líder, Lowell George, llamaba drive gauche a tomar la carretera menos transitada, algo que yo he hecho a menudo”. Otro ejemplo: en su época de ejecutivo en Warner, su sello de siempre, fue pionero del vídeo promocional “para paliar tanta gira, una invitación entonces a la sobredosis”.

Brillante letrista, Parks ha ido abandonando la libre asociación de Smile, su mítica entente con Brian Wilson, por un lenguaje más accesible. “Nadie ha igualado en aquello a Bob Dylan, y yo no buscaba ser críptico, sino confortar. Aun así, sigo creyendo que escribir canciones es un proceso inconsciente”. La relación con The Beach Boys daría para un best seller, desde que conoció a Wilson en 1966. “Sus hermanos resultaban amables, pero Mike Love, el vocalista, decía cosas como ‘¿por qué un chelo? Nadie en el grupo lo toca’. Yo nunca discutí, mi trabajo no era con él. Mike representaba a muchos fans que no querían que Brian creciera solo”. Parks se bajó de un barco al que la psiquis alterada del genio de The Beach Boys hizo encallar. Aunque antes de que éste por fin mostrara al mundo Smile en 2004 hubo un reencuentro, Orange crate art (1995), compuesto por Parks para Brian Wilson. “Fue como cruzar el Rubicón. El disco pasó desapercibido, pero le sacó de su lecho de enfermo y le convenció para continuar”.

La versión definitiva de Smile y su poso agridulce: “Sólo me pidieron unas letras. No aspiraba a otro rol, sino a una amistad más activa con Brian. No hablé con él: todo a través de su mujer, como si fuera un prisionero. Por eso las nuevas amistades me refrescan tanto, jóvenes a veces menores que mis nietos”, confiesa Parks. Alude a sus arreglos o cameos para Rufus Wainwright, Inara George y Clare Muldaur, hijos de músicos amigos (con la última y su grupo, Clare and the Reasons, comparte esta gira).

Van Dyke Parks actuará en el festival Primavera Sound de Barcelona el 29 de mayo.

RAMÓN FERNÁNDEZ ESCOBAR

Categorías:aRtícuLos, múSica

Diana Bellesi


Si Diana Bellessi (Santa Fe, 1946) fuera un trago, sería explosivo, aun peinando canas. Si fuera un libro -es muchos-, sería Tener lo que se tiene (Adriana Hidalgo), un monumento de 1.200 páginas que reúne 35 años de su poesía y que ha ganado en la Feria del Libro de Buenos Aires el premio al mejor libro argentino de creación literaria de 2009. Ella prefiere considerar esa summa poética “inquietante” antes que consagratoria. “Mete un poco de miedo, ¿no? Los poetas somos autores de una única edición, a los que muchas veces los lectores llegan gracias a las fotocopias. Que a una le publiquen un volumen así da alegría, pero inquieta, más cuando una no se ha muerto y continúa en franco proceso de producción”, bromea la autora de La rebelión del instante, mientras enciende el quinto cigarrillo de una entrevista que durará la ceniza de 14 largos y rubios Virginia Slims.

De prestigio internacional, traducida al inglés por la emperatriz de la ciencia-ficción, Ursula K. Le Guin (con quien publicó Gemelas del sueño, un volumen con poemas de ambas), y reconocida como una de las voces que más ha influido a generaciones posteriores de poetas argentinos (algo que ella niega: “Yo soy parte de un torrente y es difícil discernir cuánto he podido influir a otros y cuánto otros más jóvenes han influido en mí”), la travesía lírica de Bellessi reconoce distintas temáticas y ahondamientos. Comenzó marcada por una fuerte tradición de ruptura y por el descubrimiento de lo latinoamericano como seña de identidad (Crucero ecuatorial, Danzante de doble máscara). Hacia fines de los ochenta (Eroica, 1988), militó en el cuerpo a cuerpo del deseo lésbico, por entonces una parcela poco frecuentada en la poesía regional. Libros posteriores como El jardín (1994) y Sur (1998) la fueron acercando “con una agua que fluye más larga y más tranquila” al paisaje del detalle como ADN literario, a “la apreciación de lo pequeño, de lo inútil”.

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Categorías:aRtícuLos
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