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Archive for 29 octubre 2010

The Art Of Advertising #9


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Cómo No Mirarla

octubre 28, 2010 2 comentarios

La voluptuosa Sofía Loren mira de reojo el inmenso escote de la aún más voluptuosa Jayne Mansfield. Sucede una noche de 1957. Esa mirada furtiva de una mujer que estudia el espectacular tamaño de los pechos de su compañera de mesa es captada por el clic de un fotógrafo. El tiempo ha convertido esta foto en una imagen icónica, por lo que tiene de representación de una escena clásica: una mujer estudia a otra. Revela una de esas verdades dolorosas de las que el feminismo huye como de la peste, porque de admitir que las mujeres nos estudiamos de la cabeza a los pies a que alguien afirme que estamos hechas para competir entre nosotras hay un paso.

Para mí es evidente que Sofía Loren no observaba a la Mansfield con envidia, sino con curiosidad; dado que fijar la mirada en las tetas de una mujer es inaceptable socialmente, Sofía hubo de hacerlo con disimulo, y el momento, atrapado por un clic milagroso, ha convertido ese disimulo en rivalidad femenina. Pero también es cierto que hay mujeres que no saben estar sentadas al lado de una mujer bella. Lo he visto. He visto a mujeres con éxito profesional cuya seguridad se tambalea al tener a su vera a una mujer hermosa. También he oído a mujeres inteligentes relacionar belleza con estulticia. Ah, los complejos. Nos pueden convertir en malvados y en idiotas. Estos oídos míos escucharon a una escritora de éxito afirmar que las actrices no solían brillar por su inteligencia. Tópico sobre tópico: las guapas son más tontas que las feas; las escritoras, más listas que las actrices. Sin comentarios. Puedo entender, por supuesto, que una mujer se lamente cuando, compartiendo mesa con una joven espléndida, es ignorada por esos hombres que ante la belleza regresan a su condición de primates, pero hay que hacer un esfuerzo para que esa desventajosa situación no conduzca a la misoginia. De hecho, el mejor remedio contra el resentimiento es aceptar la virtud del otro. A mí me gustan las mujeres guapas. Es cierto que si conozco de cerca a una mujer guapa que no es inteligente su belleza se me desvanece, pero aprecio la belleza en sí, la de aquella mujer que me mira desde la marquesina de un autobús, desde la portada de una revista o desde un fotograma. Trato de admirar la belleza femenina como he observado que lo hacen algunas amigas lesbianas: disfrutando de ella como un regalo. De la misma manera que es vulgar el hombre que advierte que no sabe apreciar el atractivo masculino, lo es la mujer que se niega a admitir lo evidente: la belleza física tiene un magnetismo innegable.

De belleza voy leyendo mientras un tren me lleva hacia el Sur. Se trata de un libro que me mandó Lorenzo Caprile, ese modisto que dibujaba princesas de niño (para asombro de sus compañeros de colegio) y que ha acabado vistiendo princesas de adulto. Caprile, lector compulsivo y atento, es el que ha puesto en mis manos este Kate Moss Machine del francés Christian Salmon. El ensayo diserta sobre las razones que convirtieron a una adolescente de barrio obrero londinense, menos alta que las modelos convencionales y fina como una gamba en la diosa de la cultura alternativa. Las primeras fotos mostraron a una Kate de dieciséis años posando en el paisaje de su infancia, el Londres suburbial, como una de tantas muchachas con poca pasta y mucha gracia que se visten en mercadillos. Aparecía poco o mal pintada, con el eye liner corrido, aumentando esas ojeras que les aparecen a las chicas cuando han dormido mal o cuando se han drogado. Kate Moss inauguró la era de las modelos que parecían desfilar por la pasarela tras haberse corrido una gran juerga. Chicas que se olvidaban de comer, pero nunca de tomar una copa o esnifar unas rayas. Una estética que, como se ha sabido después, era casi una descripción del backstage en el que vivían algunas de estas jóvenes y que los estilistas exageraron con maquillajes y peinados convirtiendo en tendencia el look de “chica abandonada”. El colmo de la incongruencia: una muchacha al borde de la enfermedad vistiendo chaneles y diores. Kate Moss representó esa imagen tanto en la pasarela como fuera de ella hasta el punto de que en 2007 la National Portrait Gallery de Londres convocó a varios artistas para retratarla. Lucian Freud se unió al desafío y algunos críticos reaccionaron agriamente diciendo que el arte inglés había muerto. Hoy, Umberto Eco, ajeno a tales prejuicios, incluye una de las fotografías de aquella exposición en la lista de los retratos más emblemáticos de la historia del arte. Al fin y al cabo, ¿qué es Kate Moss sino una modelo que posa? Expresividad y belleza, capacidad de contar con una pose y una mirada una pequeña historia, ese es su trabajo. Sobre los misteriosos caminos de las tendencias estéticas leo en el libro de Salmon. Al terminarlo, la observo a ella, la Moss, en la portada. Y pienso entonces que por encima de todas esas consideraciones sociológicas que justifican un libro de ensayo está ese rostro magnético. El rostro bello y gatuno que haría que unas mujeres se sintieran incómodas a su lado en la mesa, otras la miraran de soslayo al estilo de Sofía, algunos hombres se volvieran primates y algunos seres humanos, entre los que creo me encuentro, pensaran cómo no mirarla siendo, como es, tan bella.

ELVIRA LINDO

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Cine Y Literatura


A menudo se dice que está o aquélla novela es cinematográfica y, en no pocos casos, tal apreciación culmina después transformando el libro en guión y el guión en cine.

La literatura próxima al estilo cinematográfico rehuye la retórica, la reflexión pausada, las consideraciones del autor que en el cine serían un anticuado recurso a la voz en off. Por el contrario, las novelas de acción rápida, de peripecias y compuestas desde un punto de vista más objetivo hacen pensar, efectivamente, en su filmación.

La óptica narrativa del libro, desprendida de meditaciones expresas, conduce a la lente del cinematógrafo que basa su comunicación menos en la palabra que en la imagen y que resalta más una comunicación escénica, compuesta por el actor y su climax que por la oralidad. Esa novela despojada de introspecciones personales pero rica en situaciones clave conviene al cine y se adapta a sus características de síntesis y eficacia con extraordinaria fluidez.

Igualmente, en sentido inverso, una película “literaria” será aquella que asume del libro los conflictos subjetivos, las dudas o vacilaciones de la mente a través de estéticas expresionistas o, como sucede en determinadas películas muy habladas, acentuando el interés de los diálogos y la calidad tanto de sus contenidos como de su formulación. De este género, que ilustran tanto las cintas de Woody Allen como las de Rohmer quedan cada vez menos ejemplos puesto que hoy los ruidosos efectos especiales, la velocidad en los cambios de plano o la extrema brevedad de las secuencias, se muestran incompatibles con la recreación de una diatriba o el desarrollo de una prolongada conversación. El cine es sintético mientras la literatura es analítica en su base fundacional. Una escena cualquiera que en el cine ocuparía apenas dos minutos se convierte en diez o veinte páginas al escribirla sobre el papel. Una imagen dice más que mil palabras. Pero también, una palabra en medio de una secuencia oportuna, puede lograr, gracias a las variadas técnicas del cine, un impacto emocional e informativo mayor. Cine y literatura como antes pintura y fotografía mantienen una relación dialéctica de la que nacen productos híbridos, mixtificaciones creadoras que componen hoy, junto a la televisión, los vídeos y los recursos a la realidad virtual, la múltiple y más diversa oferta, hasta ahora inédita, en el universo audiovisual.

VICENTE VERDÚ

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This Song #95


“The Weight”, compuesta por J.R. Robertson e interpretada por The Band (aquí junto a The Staples Singers en la película de Martin Scorsese “The Last Waltz”). Incuida en el álbum de debut de The Band “Music From Big Pink”, publicado por Capitol en 1968.

A C#m D A
I pulled into Nazareth, was feelin’ about half past dead;
C#m D A
I just need some place where I can lay my head.
C#m D A
“Hey, mister, can you tell me where a man might find a bed?”
C#m D A
He just grinned and shook my hand, and “No!”, was all he said.

(Chorus:)
A E D A E D
Take a load off Fanny, take a load for free;
A E D A D
Take a load off Fanny, And (and) (and) you can put the load right on me.

A E D A D

I picked up my bag, I went lookin’ for a place to hide;
When I saw Carmen and the Devil walkin’ side by side.
I said, “Hey, Carmen, come on, let’s go downtown.”
She said, “I gotta go, but m’friend can stick around.”

(Chorus)

Go down, Miss Moses, there’s nothin’ you can say
It’s just ol’ Luke, and Luke’s waitin’ on the Judgement Day.
“Well, Luke, my friend, what about young Anna Lee?”
He said, “Do me a favor, son, woncha stay an’ keep Anna Lee company?”

(Chorus)

Crazy Chester followed me, and he caught me in the fog.
He said, “I will fix your rack, if you’ll take Jack, my dog.”
I said, “Wait a minute, Chester, you know I’m a peaceful man.”
He said, “That’s okay, boy, won’t you feed him when you can.”

(Chorus)

Catch a cannon ball now, t’take me down the line
My bag is sinkin’ low and I do believe it’s time.
To get back to Miss Fanny, you know she’s the only one.
Who sent me here with her regards for everyone.

(Chorus)

Categorías:múSica

Zappa y La Bicicleta


Todo el mundo tiene su pasado….en el show de Steve Allen, un Zappa pipiolo ya daba muestra de sus peculiares excentricidades atreviéndose a tocar……..una bicicleta.

Nunca sabes qué te puede deparar el futuro.

Categorías:TV

A Dog’s Life


Los bichos también hacen musica pero no tienen voz para cantar

Categorías:peRsonaL
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