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La Motown Del Flamenco


Mario Pacheco, legendario disquero y fotógrafo, falleció ayer en su casa madrileña, tras una tenaz lucha contra el cáncer. Indispensable empresario cultural del posfranquismo, su entusiasmo hizo posible la existencia de grandes músicas españolas y la difusión de exquisitos catálogos foráneos.

El nombre de Mario Pacheco, nacido en Madrid en 1950, está identificado con Nuevos Medios, discográfica que impulsó la renovación estética del flamenco y su hibridación con el jazz o la música africana. Pero solo era un capítulo de una intensa trayectoria vital. Perteneciente a una estirpe de profesionales del cine, salió rebelde. Se instaló en Londres y, “con credenciales de otra persona”, sobrevivió como fotógrafo. En el festival de Wight de 1970 consiguió una de sus imágenes favoritas: “Llevaba un carrete y una Rolleiflex, nada adecuada para un foso lleno de gente. Iban pasando Moody Blues, Jethro Tull y muchos más; yo esperé y pillé a Jimi Hendrix en una pose perfecta”.

De vuelta en España, gravitó hacia el Mediterráneo, donde florecía la contracultura. “En las Baleares había mayor grado de libertad, gracias al turismo. En Formentera hice mi primera producción, Jo, la dona i el gripau, de Pau Riba, grabado con un magnetófono Nagra”. Y terminó revolucionando Edigsa, compañía barcelonesa que ejercía de bastión musical del catalanismo: “Tras la muerte de Franco, les convencí de que necesitaban ampliar su oferta”.

Echó las redes y pescó desde la diva egipcia Om Kalsoum al sello colombiano Fuentes. Su encanto personal le permitió romper barreras: “Buscando a Joy Division, fui hasta Manchester. En la estación me esperaba Tony Wilson, fundador de Factory. Ignoraban todo sobre España, tenían a la Durutti Column y ni siquiera sabían quién era Buenaventura Durruti, pero nos entendimos”. Aprendió también la tolerancia ante algunas excentricidades: “En Londres sonaba mucho un toaster jamaicano, Dr. Alimantado. Pretendía editarlo y cada día me citaba un representante suyo, desde un rasta a alguien vestido como un banquero de la City. Pero todos eran la misma persona, el propio Dr. Alimantado, que quería ponerme a prueba. Al final, fuimos a su casa y firmamos”.

La relación con Edigsa se quebró cuando se negaron a publicar la banda sonora de Canciones para después de una guerra, “por incluir el Cara al sol”. Salió en CBS y Mario buscó una nueva plataforma. “David Miró puso dinero y consiguió que su abuelo, Joan, nos dibujara el logotipo de Nuevos Medios. David mantenía una actitud genial respecto a la necesidad de generar arte para enriquecer al país. Estaban despegando las independientes y abrimos en pleno centro de Madrid, además con el respaldo de distribuir sellos como Hannibal, Factory, Cherry Red, ECM o Rough Trade”.

Aunque lo esencial era producir. “Tenía algo de embriagador, no sé, como un galerista que se encontrara con el joven Picasso. Gente de veintitantos años que derraman talento y tú piensas ‘sí, adelante’, con los mejores estudios, portadas cuidadas, máxima libertad. Coincidimos con la movida y grabamos maravillosos discos de La Mode y Golpes Bajos. Pero nuestro corazón estaba en el flamenco. Hablo en plural ya que mi mujer, Cucha Salazar, era la locomotora de todo el proyecto”.

Un mundo inicialmente inaccesible. “Cucha era muy sociable y me llevaba a los tablaos madrileños, que entonces contaban con fantásticos cantaores, tocaores y bailaores. Como no teníamos dinero, nos quedábamos en la barra, esperando pasar desapercibidos”. Se coló finalmente como fotógrafo, autor de portadas para Camarón y Morente. Además, el guitarrista Pepe Habichuela le habló de su hijo (Josemi Carmona) y sus sobrinos Antonio Carmona y El Camborio, que estaban “inventando cositas” con Sorderita. Era Ketama.

Treinta años después, Mario rechazaba ponerse medallas por el nuevo flamenco: “Ricardo Pachón ya había grabado a Pata Negra para Polygram. Lo gordo fue explicar el fenómeno a un público payo, urbano, culto. Era sencillo: gitanos jóvenes que escuchaban a Prince. Yo decía que éramos la Motown del flamenco: los Carmona y sus amigos constituían la mejor base rítmica; luego, los discos podían salir como Ketama, La Barbería, Ray Heredia o Aurora. Algo mágico: con palmas, cajón y guitarra, aquello ya sonaba”.

Rafael Amador. Foto de Mario Pacheco

Un gran hallazgo, aunque encontró gran oposición. Para la historia queda la frase despectiva de un mandamás de la radio española, al ver que Camarón y Ketama actuaban en una embajada musical en el Palladium neoyorquino: “Esto parece Casa Patas”. Sin embargo, en el extranjero se entendió bien: los discos aparecieron hasta en Asia. “En Londres, a través de Lucy Durán, Ketama se juntó con el maliense Toumani Diabaté y salieron los dos volúmenes de Shongai, con un impacto formidable. Aunque en España no pasó nada: allí estaba el Vente pa’ Madrid, que luego sería un pelotazo. Quiero pensar que la fórmula inspiró a Nick Gold (Buena Vista Social Club) o Fernando Trueba (Lágrimas negras)”.

Nuevos Medios consiguió éxitos menores pero nunca pudo explotar cabalmente sus descubrimientos. Durante años, Mario rechazaba atar a los artistas con contratos de larga duración y algunos saltaron a multinacionales a la primera oportunidad. Aseguraba entenderlo: “Según ascienden, necesitan más inversiones. Suele ser el Waterloo de las independientes: financias giras y vídeos; si no funcionan, entras en números rojos y te devora cualquier tiburón. Así ha ocurrido históricamente, aquí y fuera. Lo pasamos mal cuando nos implicamos demasiado con la reaparición de Golpes Bajos”.

Nuevos Medios también grabó abundante jazz español: “Los Carles Benavent, Amargós, Jorge Pardo y compañía eran cómplices habituales de los flamencos. Tal como somos aquí, no están reconocidos. Cuando Quincy Jones montó la retrospectiva de Miles Davis, en Montreux, llamó a Benavent para tocar el bajo”.

La desaparición de Pacheco llega en medio del Apocalipsis para la industria musical. Con todo, Mario se negaba a dejar de confeccionar discos primorosos. Amaba especialmente los que retrataban una época, a partir de figuras de fuerte representatividad: son memorables las antologías de Bola de Nieve, Chabuca Granda o Miguel Matamoros. No ha podido ver fabricado su último proyecto, La Habana era una fiesta, testimonio de la presencia de la música española en la Cuba de Batista.

DIEGO A. MANRIQUE

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