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La Linterna Mágica #10


Confieso que, a pesar de contener cualidades cinematográficas innegables, “The Deer Hunter” o “El Cazador” ha sido una película que evocaba un grado de leyenda para quien esto escribe. Cuando se estrenó en España, las autoridades de entonces no consideraron que era una película adecuada para un chavalito de 11 años, pero el impacto que la citan causó en mi entorno adulto, provocó que un halo de misterio se instalara en el film, para aumentar mi ansiedad y mis ardientes deseos de verla. Esto no fue posible, hasta varios años más tarde. Cuando “The Deer Hunter” se había convertido en uno de esos artefactos para críticos denominado “clásico contemporáneo” o una gilipollez por el estilo.

El caso es que repusieron la película en el cine de al lado de mi casa. Yo la había visto en vídeo (ese aparatejo que hizo posible, para mi, el descubrimiento de tantas películas y que supuso un milagro caído del cielo…………el viejo y querido betamax) pero su visión en el cine, me dejó atrapado en el asiento.

El neoyorquino Michael Cimino, el director de la película y coautor del guión, se ha erigido en uno de los malditos del cine de Hollywood más insignes. Con “The Deer Hunter”, su ambición escaló muy alto. Su segunda película. Quizás apuntó demasiado alto en un mundo dominado por el arte de los depredadores. Sobrepasando con creces el presupuesto inicial, Cimino supo entregar una película de una poesía inusual sobre la temática del Vietnam, antes de que Coppola vomitara la suya en la épica “Apocalypse Now”. La amistad, la pérdida de la inocencia, el descalabro de ilusiones largamente acariciadas.

Y la lista de actores: Robert de Niro en todo su arte interpretativo, en su papel más matizado y contenido. John Cazale, por aquel entonces enfermo terminal de cáncer, ese gran actor que nunca vio la película terminada. Fue su última película. Meryl Streep, en los comienzos de su carrera, deslumbrante. Y Christopher Walken, quien se llevó la estatuilla al mejor actor secundario por su personificación de Nicky, el ejemplo más bárbaro de la devastación humana.

Y la música. “Cavatina” compuesta por el británico Stanley Myers, el tema principal de la película en los acordes de guitarra, que alberga la emoción poética, la elegía por la pérdida del paraíso.

Nunca he podido contemplar una película de mayor devastación. La vi en el cine en la etapa vital en la que comienzas, tímidamente, a darte cuenta de que la vida no dura para siempre. De que las ilusiones pueden desmoronarse por factores que escapan a tu control. De que la amistad tiene un significado más intrincado del que pudiera figurarme. Y, después de ese final, creo que no pude levantarme de la butaca hasta que el acomodador tuvo que obligarme a salir de la sala.

Categorías:Cine
  1. enero 26, 2011 a las 12:25 pm

    Viendo “El Cazador” desaparece la fuerza de la gravedad. Uno queda suspendido en algo así como una emoción condensada…
    Besazos amigo.

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