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Archive for 28 febrero 2011

Y El Ritmo Se Hizo Carne


En tiempos de YouTube puede resultar hasta perverso recordar que la música popular de buena parte del siglo XX creció sin imágenes. Los artistas solo aparecieron en las portadas de sus discos con la implantación del soporte elepé. Del más legendario de los bluesmen, Robert Johnson, no se difundieron fotos hasta medio siglo después de su muerte.

Aunque superestrellas tipo Gardel, Chevalier o Crosby fueran figuras cinematográficas, muchos de sus coetáneos nunca se pusieron frente a las cámaras. La televisión remedió la situación, pero existen vacíos escandalosos, por el funesto vicio de regrabar sobre las cintas de vídeo profesional. Como perteneciente a la generación de la escasez, todavía me sonrojo por nuestro comportamiento obsesivo. A finales de los sesenta, íbamos una y otra vez a ver El rebelde, película de Volker Schlöndorf con Anita Pallenberg en el reparto, solo por paladear la fugaz aparición de Keith Richards ¡como extra!

En esa situación de marginalidad, algunas películas raras adquirieron carácter sacramental: Duende y misterio del flamenco (1952), Jazz on a summer’s day (1959) o Woodstock (1970). The T.A.M.I. show es un caso aparte. Han transcurrido casi cincuenta años desde que se estrenó en cines, y solo ahora está disponible para la venta un DVD distribuido por Universal. Bloqueada su edición por obstáculos contractuales, circularon centenares de miles de copias piratas, especialmente en VHS, con una calidad que iba de lo malo a lo peor. Pero urgía tenerla: incluía la más portentosa actuación de los sesenta, una apoteosis de coreografía y emoción.

The T.A.M.I. show fue una ocurrencia de Steve Binder, un productor que controlaba el sistema Electronovision, cámaras que ofrecían una resolución superior a lo acostumbrado en televisión. Los costes eran bajos y el resultado, una vez transferido a celuloide, se podía estrenar en los cines. Lo demostró con la grabación del famoso Hamlet interpretado por Richard Burton en 1964; ese mismo año decidió probar con la música pop, entonces dinamizada por la irrupción de los Beatles.

The teenage awards music international show quería ser una revisión anual de lo más excitante del pop. En realidad se trataba un programa de televisión con pretensiones… y grandes medios: una orquesta con soberbios músicos de estudio, dirigida por Jack Nitzsche, y un suculento cuerpo de baile.

Por pura chiripa, estaban representadas las grandes tendencias de 1964. Abría un superviviente de los cincuenta: Chuck Berry. Al estar inaccesibles los Beatles, se conformaron con otros dos (flojos) conjuntos de Liverpool: Gerry and The Pacemakers y Billy J. Kramer and The Dakotas. Nada comparable a la embajada de Motown: las Supremes, Marvin Gaye, Smokey Robinson and The Miracles. El pop de estudio estaba encarnado por una modosa Lesley Gore. Y como aquello se desarrolló en Santa Mónica, se sumó surf vocal: Jan and Dean, que también ejercían de presentadores, y los Beach Boys con Brian Wilson.

Tanta variedad correspondía al formato habitual de los conciertos en aquellos días: un desfile de artistas haciendo tres o cuatro éxitos. Revisando The T.A.M.I. show asombra la brevedad de las canciones, desprovistas de puentes instrumentales o improvisaciones. Se trata de una fiesta de los estribillos, donde suele haber mayor vitalidad en los bailes que en las interpretaciones.

Excepto en los que encabezaban el cartel. Los responsables se empeñaron en que aquello terminara con los Rolling Stones, relegando a James Brown al penúltimo lugar. Un retaco con un peinado imposible, James se vengó realizando un espectáculo deslumbrante: exageración teatral, ardor vocal, increíble precisión en los movimientos. Ver para creer.

Los Stones lo vieron con pavor y vergüenza. Todavía no tenían mucho repertorio propio y se basaban precisamente en material de artistas negros. En The T.A.M.I. show intentaron superar lo insuperable, con Mick Jagger sacudiendo las canillas y los dos guitarristas echando el resto con sonriente desesperación. Su impulso social era imparable, pero aquella noche no pasaron de párvulos a la sombra del maestro.

DIEGO A. MANRIQUE

Categorías:aRtícuLos, múSica

Créditos


Un centro independiente neoyorquino apasionado del cine, ha seleccionado una lista de los 50 mejores títulos de crédito que aparecen al comienzo de una película. Suelo abominar de estas listas, porque no están todas las que son y, al fin y al cabo, todo esto se mueve por motivos estrictamente personales de los seleccionadores de turno. Pero se incluyen títulos de crédito olvidados, aunque brillantes.

Detrás de los títulos de crédito siempre hay un trabajo, en muchas ocasiones artísticamente admirable. Hay muchos de ésos, si entras aquí:

http://www.ifc.com/news/2011/02/the-50-greatest-opening-title.php?page=11

Categorías:Cine

Sorpresa Matinal


Román y Miguel. Foto de Inma Alcázar

No he podido disfrutar de su directo desde que les visité en Murcia el verano de 2009, en un concierto memorable, como viene siendo habitual y es marca indeleble y esencial de la extraña familia que conservo en ese rincón musical del Mediterráneo. Pues, con motivo de su gira de los bigotes y las pelucas, junto con Talismán, sus Chamanes y Fernando Rubio, han aparecido en la radio, para hablar y, sobre todo, para tocar. Morriña me entra, coño.

Parientes extraños como éstos, tipos raros como éstos no suelen frecuentar ámbitos mediáticos. Por eso, es toda una delicia encontrarte a estos tipos por la mañana.

Hoy empieza todo – Entrevistas acústicas: Peluca & Bigote Tour – 24/02/11

Categorías:Extraña Familia, múSica

This Song #121


“Mi Amor Es Para Luci”, compuesta por Ricardo Perpén y Miguel Bañón. Interpretada por Los Marañones (aquí solamente Román, Pedrín y Miguel…..falta Carlos) e incluida en su álbum “Extraña Familia”, publicado por el Brujo Records, en mayo de 2007. También incluída, en distinta versión, en su álbum “Las Aventuras De Los Marañones”, también publicado por El Brujo Records, en junio de 2008.

G G#dim Am D7 G, G#dim, Am, D7
Mi amor… es pa…ra Luci,
G G#dim Am D7 G, G#dim, Am, D7
la del blo…que vein…tidós.
G Gaug
Desde el momento
C Cm
que yo la conocí
G A7 D7 G, G#dim, Am, D7
es de Luci mi co…ra…zón.

Mi vida es un tormento
si no la vuelvo a ver,
pero estoy contento
tan solo con saber
que de Luci es mi corazón.

D7
Qué me pasa a mí, doctor,
qué tengo,
G
y si tiene solución.
D7
Dígame qué puedo hacer
G
para volver
G7
a ser como era ayer.

Em G
No me entiendo
Em G
ni me entretengo,
Am E7 Am7 D7
pues ya no pienso en nada… más

Que en Luci todo el día,
la tengo que buscar,
y el alma mía
le voy a entregar
a Luci, mi corazón.

Qué me pasa a mí, doctor…

Mi amor es para Luci,
del bloque veintidós,
desde ese día
que yo la conocí
es de Luci mi corazón.

Mucha mierda para hoy. Se os echa de menos.

Categorías:Extraña Familia, múSica

Divagaciones Culturales


Las ideas preconcebidas, las ya mascadas y digeridas, las aceptadas sin cuestionar su sencillo planteamiento, los lugares comunes, la vulgarización de aserciones que se elevan a categoría de verdad imperturbable.

Leer. No importa qué leas. Leer es el verbo. De acuerdo. La lectura agiliza la capacidad de discernimiento, la agilidad en la comprensión, la facultad de análisis. Sin embargo, como sucede en la música, en la pintura y en el cine y, en general, en todas las artes existe una seria banalización del verbo. De los verbos correspondientes Y como leer se ha asumido colectivamente como sinónimo de cultura, la vulgarización del término ya está, irremediablemente, generalizada. Pero ¿qué nos creemos por decir que “leemos”? ¿Cultos acaso?

La cultura, sinceramente, yo no sé qué significa, pero creo atisbar lo que, de manera instintiva, percibo qué no es cultura. Pero parece que los ayuntamientos, por poner solamente un ejemplo de institución paradigmática en nuestro, por otro lado, sacralizado e intocable sistema político, sí parece que lo tienen suficientemente claro. Institucionalizan como cultura, en muchos casos, cualquier manifestación artística (por denominarlo de alguna forma comprensible) que se englobe en los cauces más comunes de expresión: esto es, si escribes o interpretas o pintas, cualesquiera marramachadas que vomites, ya es cultura.

Muchas veces, cultura es sinónimo de dinero. La industria cultural, dicen. Dinero es cultura y viceversa

Si repasamos la sección de “cultura” de los periódicos, es un carcajeante cajón de sastre en el que todo vale. Si nos acercamos a la programación de las fiestas de una ciudad cualquiera, es verdaderamente prestigioso incluir los inevitables “actos culturales”, da marchamo de calidad, que la cultura da mucho brillo y proporciona muchos votos. Mucho dinero, contante y sonante. Sin embargo, una mente medianamente crítica puede caer en la más absoluta desazón al contemplar qué es lo que se entiende por cultura en una ciudad medianamente decente. Salvo relumbrantes excepciones, por supuesto.

Si nos atenemos a esas cansinas entrevistas que nos acechan en agosto, cuando preguntan al político de turno a qué va a dedicar su tiempo libre, invariablemente nos encontramos con la siguiente respuesta: “a pasear, estar con la familia….y a leer”. Eso. Leer. Esa palabra fetiche, convertida ya en consigna y en aval de cultura. Y…….. “ir al cine y charlar con los amigos”.

No sé afirmar qué es lo que significa cultura. A mi me gustan las expresiones artísticas, vengan de donde vengan, tengan el formato que tengan y sean de la época que sean. En mi caso, cultura no es sinónimo de conocimientos. Pero el concepto en sí, en realidad, no significa nada. Cada individuo posee su propia cultura. Lo que no soporto es que nos impongan qué es cultura y lo que no: sean instituciones públicas que nos aborregan con programaciones manidas o sean dogmáticos, esnobs o postmodernos que, por poner el caso, toman como objeto de mofa que tus gustos musicales incluyan a Peret. ¿quién se atrevería a decir que Peret es menos cultura que, digamos, Frank Sinatra? Mucha gente, aún multitudes enteras lo afirman con vehemencia. ¿Quién es quién para discernir claramente entre lo que es y no es cultura? ¿Acaso un concejal de festejos o un modernito que solamente alcanza a emocionarse con lo que da el pego de modernidad, sujeto a prejuicios inamovibles? ¿No pueden soportar que puedan coexistir Sinatra y Peret en tus emociones musicales?

Categorías:peRsonaL

La Cuarentena

febrero 23, 2011 3 comentarios

Uno tiene sus manías, como todo el mundo. Una de las más arraigadas es la de investigar, casi obsesivamente, en los créditos de los discos que adquiero. Aparte del sonido, y consideraciones sobre derechos de autor aparte, siempre he defendido la compra de discos originales, precisamente para conocer de primera mano quién toca en este u otro tema, a quién se da las gracias, qué comentarios se incluyen…..en definitiva, el disco es un objeto valioso, informativamente hablando.

Cierto es que el consumo de música ha variado considerablemente y la calidad ha disminuido de manera un tanto escandalosa. Considerando que la cultura musical en España sigue siendo bastante pobre, es desalentador comprobar como las nuevas generaciones (con las excepciones que siempre existen y que siguen dignificando a los aficionados de la música) se apuntan al consumo casi mareante de, sobre todo, canciones encapsuladas en un fichero informático que desmerecen el sonido original y los esfuerzos de ingenieros, productores y artistas. Y, lo que es más importante, se ha perdido, en general, la perspectiva de la obra de un artista en concreto.

Y me explico: habiendo crecido el consumo esporádico y suelto de canciones, no puede tenerse una perspectiva general para valorar de forma objetiva la obra de un solista o de una banda en concreto. A nadie se le puede juzgar por una canción de tres minutos, sino por la evolución de su carrera y sus hallazgos artísticos a lo largo de un período medianamente largo, teniendo en cuenta además que la vida artística varía de una banda a otra o de un solista a otro. A todo ello, habría que añadir la estomagante avalancha de grupos nuevos, intérpretes que se arrogan fatuamente el calificativo de músicos cuando solamente tienen un disco publicado. Y si le añadimos la voraz ansia de consumo que se ha instalado a todos los niveles, no solo en el musical, aparece el concepto del McDonald’s musical. Estamos inmersos en una suerte de “fast food” musical. Priman las canciones, no los álbumes considerados como obras completas.

Atrás quedaron aquellos días excitantes en los que, con una ilusión propia de un niño que ahorra para comprarse su juguete anhelado durante meses, acudíamos a la tienda de discos y nos agenciábamos ese álbum que habíamos acariciado con un gozo anticipado en días y visitas anteriores. Estas visitas servían para explorar la tienda y elegir minuciosamente la próxima y suculenta compra. Nunca olvidaré mi ilusión al comprarme con mi primera remuneración, a los quince años, el “Exile On Main Street” de los Stones y mi salvaje excitación hasta llegar a casa y sacar el vinilo cuidadosamente, introducirle en el plato y, con un temblor apenas disimulado, colocar la aguja en el primer corte. Mi escasa y muy limitada cultura musical se cimentó, de manera sólida, en aquellos días.

Keith Richards, Mick Taylor y Mick Jagger durante la grabación de "Exile On Main Street"

Muchas veces dudo de que, en los parámetros actuales, la música sea considerada como arte por los jóvenes que se bajan discos y que únicamente utilizan un reproductor digital para almacenar miles de canciones, sin orden ni concierto. Pero todavía cuento entre mis más suculentos placeres vitales, el acudir ceremoniosamente a una tienda de discos (¿acaso quedan algunas, de esas en las que el propietario o el dependiente te asesoraban desde su pasión y conocimientos musicales? Por fortuna todavía quedan, aunque no en mi ciudad) y bucear entre estanterías, entre los créditos indispensables…….

Y no estoy pregonando contra el formato digital. Yo mismo tengo un archivo musical digital que utilizo, pero sin mis incursiones musicales en tiendas más o menos especializadas y conocedoras de lo que atesoran y venden, y sin mis discos, mi pasión por la música carecería completamente de contenido.

Quizás, simplemente, todo se reduzca a una falta de inquietud, de curiosidad intelectual. La curiosidad (joder, ¿quién es el baterista que toca en este tema?,vaya temazo ¿quién es el compositor?) es una cualidad inherente a la juventud, al espíritu joven. Sin embargo, en general, la apatía en muchos casos es casi absoluta. Ser mero receptor de los reclamos comerciales, de las radiofórmulas de todo tipo (y no estoy solamente hablando de los cuarenta principales) debe ser muy aburrido. Y, sobre todo, abotarga la imaginación y achanta la potencial sensibilidad que todo ser humano atesora.

Pero, claro, todo esto quizás sean solamente manías de un carca musical que se ha quedado en los sesenta. Obsesiones ridículas de un cuarentón que no está en la onda, que no sigue las tendencias.

Debo ser un lunático peligroso. Bendita locura.

Categorías:múSica, peRsonaL

This Song #120


“Camarillo Brillo”, compuesta por Frank Zappa. Incluida en su álbum “Over – Nite Sensation”, publicado por DiscReet Records en septiembre de 1973.

She had that
Camarillo brillo
Flamin’ out along her head,
I mean her Mendocino bean-o
By where some bugs had made it red

She ruled the Toads of the Short Forest
And every newt in Idaho
And every cricket who had chorused
By the bush in Buffalo

She said she was
A Magic Mama
And she could throw a mean Tarot
And carried on without a comma
That she was someone I should know

She had a snake for a pet
And an amulet
And she was breeding a dwarf
But she wasn’t done yet
She had gray-green skin
A doll with a pin
I told her she was awright

But I couldn’t come in
(I couldn’t come in right then . . . )

And so she wandered
Trough the door-way
Just like a shadow from the tomb
She said her stereo was four-way
An’ I’d just love it in her room

Well, I was born
To have adventure
So I just followed up the steps
Right past her fuming incense stencher
To where she hung her castanets

She stripped away

Her rancid poncho
An’ laid out naked by the door
We did it till we were un-concho
An’ it was useless any more

She had a snake for a pet
And an amulet
And she was breeding a dwarf
But she wasn’t done yet
She had gray-green skin
A doll with a pin
I told her she was awright
But I couldn’t come in
(actually, I was very busy then)

And so she wandered
Through the door-way
Just like a shadow from the tomb
She said her stereo was four-way
An’ I’d just love it in her room

Well, I was born
To have adventure
So I just followed up the steps
Right past her fuming incense stencher
To where she hung her castanets

She said she was
A Magic Mama
And she could throw a mean Tarot
And carried on without a comma
That she was someone I should know

(Is that a real poncho . . . I mean
Is that a Mexican poncho or is that a Sears poncho?
Hmmm . . . no foolin’ . . . )

Categorías:múSica
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