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Del Agapo Al Palentino


El Agapo, como todo el mundo sabe, estaba en la calle de la Madera, pero en el letrero de la calle lo ponía con una ‘a’ pequeñita, de tal forma que había quien se creía que se llamaba “Calle de Mª Dera”, que a saber quién era esa señora. Parafraseando a Umbral, la noche que llegamos al Agapo por primera vez todo eran especulaciones porque estábamos pisando tierra ignota. Nuestro hábitat natural se reducía al Marcelino y a la Vía Láctea, uno en frente del otro en la calle Velarde, y las incursiones en territorio enemigo eran eso, incursiones de ir, pimplar y volver. El Agapo prometía bastante más que la simple expedición al bebercio, pero hasta que no lo viéramos no nos lo íbamos a creer. El barrio de Maravillas -su lado oscuro se llama Malasaña- es, a partir de una determinada latitud, un laberinto lleno de minotauros y peligros. Mientras caminábamos hacia allí (a partir de entonces caminamos muchísimo) surgió otra duda: ¿por qué demonios se llamaba Agapo? Una teoría, nunca demostrada, afirmaba que el local había sido de un tipo que se llamaba Agapito, que sería el diminutivo de Agapo.

Lo que pasó dentro del Agapo, lo que el Agapo fue, ya está suficientemente documentado y un servidor suscribe lo que dice Josele al respecto: si me quitan el Agapo, habrá desaparecido una parte de mi vida que a ver con qué cojones la sustituyo. La sorpresa fue que hacía casi esquina con la calle del Pez, nombre como de tebeo de Ibáñez, y a la que un servidor acudía en tiempos remotos porque allí estaba la sede de Juventudes Musicales de Madrid y yo estaba en Xuventudes Musicales de Vigo, que no tenían ni local. Allí había reuniones de toda una panda de músicos de vanguardia y aledaños y se conspiraba para intervenir en el S.I.M.O., en galerías de arte o cualquier sitio donde dejasen a gente como el Taller de Música Mundana de Llorenç Barber (ahí estaba menda lerenda también) improvisar soplando unas caracolas, por ejemplo. El criminal volvía al lugar del crimen.

A efectos de lo que nos concierne, el Agapo deparó también el descubrimiento del Palentino, según se sale a la calle del Pez desde la de la Madera a la izquierda. El bar estaba toda la noche funcionando pero con las puertas cerradas, así que servían, a través de un ventanuco, unos bocadillos de anchoas con queso y tomate que sabían a gloria y nos salvaban la vida. Aquello fue el principio de una hermosa amistad, hasta tal punto que la noche anterior a grabar las voces del álbum “De hoy no pasa” (1987), y en presencia de Samuel y Josele, arrojé todas los originales de las letras (no había copias) a la alcantarilla. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, Josele se apiadó de mí y me escribió, ya de día y sobre el capó de un coche, una letra que tenía en la cabeza por si encajaba en algo de lo que ya habíamos grabado. No fue así y las pasé canutas reescribiendo todo aquello al día siguiente en un estado lamentable. Esa letra de Josele, afortunada y sorprendentemente (no hay casualidades), se convirtió en “Afición”, la última del segundo elepé de Los Enemigos, “Un tío cabal” (1988).

Tras una sola noche tocando clásicos del blues con los Hound Dog Men, -la nieve en la calle de la Madera nos llegaba a las rodillas-, unos años después nos metimos Siniestro Total a tocar tres noches seguidas en el Agapo y fuimos metódicos. Nos levantábamos por la tarde y nos plantábamos en el Agapo a ensayar un poquillo con un resacón considerable que nos curábamos con unos consomés con tintorro que nos daba Casto en el Palentino antes del bolo, al que llegábamos de subidón. Al acabar nos quedábamos en el Agapo hasta que cerraba y nos íbamos al Palentino a comer bocatas y seguir bebiendo hasta el amanecer, como cuando lo de las letras por la alcantarilla. Así durante tres días y tres noches que se prolongaron hasta una semana aunque no tuviéramos que tocar. Lo único distinto era el bolo: cada noche cambiábamos algo y fue cuando se nos ocurrió tocar el “Vamos muy bien” de Obús. No nos sabíamos la letra y eso nos costó una bronca monumental de Kike Turmix que sí se la sabía, así que tuvo que subir él a cantar.

En el Agapo nos enteramos del nacimiento de grupos y de la muerte de amigos (recuerdo especialmente la de Lalo) pero nosotros pensábamos que el local era eterno. Tremendo error, porque si algo bueno tiene la vida es precisamente que no es eterna. El Agapo cumplió su ciclo vital y el nuestro -vuelvo a la idea de Josele- no sería el mismo sin ese tiempo y ese espacio.

JÚLIÁN HERNÁNDEZ

El Agapo Flashback Experience será el domingo 8 de mayo a partir de las 20:30 horas en la Sala Rock Kitchen.

Al escenario subirá toda esta gente:

LOS ENEMIGOS
SEX MUSEUM
LAS RUEDAS
LA UVI
LOS CORONAS
ESPASMODICOS
GLUTAMATO YE-YE
SEX TATTOO
LOS MACANA
CANONES Y MANTEQUILLA
J. TEIXI BAND
ANA CURRA
AGAPO ALL STARS

y los siguientes DJs:

FERNANDO PARDO
MANOLO CALDERÓN
PABLO DE LA CRUZ
JUAN HERMIDA
IÑIGO MUNSTER
JAVIER HERNÁNDEZ

Las entradas costarán 15€ la anticipada y 18€ en taquilla.

Categorías:aRtícuLos, múSica, peRsonaL
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