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Caza De Brujas


Manolo UVI y Antonio Vega

La vida ya no es una tómbola; ahora es un karaoke. Solo tienes que mirar a la pantalla. El papel que interpretas ante los demás y ante ti mismo corretea por el prompter y no deja nunca de renovarse.

Porque tiene que ser nuevo. Tu ropa, tu coche, tu casa, tu manera de pensar, el sexo que practicas, las amistades que frecuentas… Deberás tirarlo todo a la basura antes de que pierda brillo. Siempre renegando, que lo nuevo dura poco.

Lo nuevo es religión. Romperá la rutina y por ello será aceptado. Se basta a sí mismo. Por supuesto, la música que escuchas, el cine que ves, y los libros que lees tienen que ser nuevos.

Cuesta trabajo concebir una obra que acabe de salir al mercado y no esconda ningún movimiento estratégico al respecto. De hecho, se sobrentiende su carácter rompedor y una buena parte del trabajo periodístico parece consistir en desvelar su esencia.

El intérprete, compositor, escritor o director avisado sabe a lo que se enfrenta y procura tener siempre a mano un buen arsenal de argumentos que justifiquen su creación en términos de innovación y ruptura con el propio pasado.

Puro artificio: la mayoría son deducidos a posteriori, cuando no directamente inventados.

Claro que no todo el mundo entra al trapo. Mediados los ochenta, el movimiento punk ya no era novedoso para nadie. Ni siquiera en nuestro país. De todos aquellos grupos, como suele decirse, solo quedaron los mejores. Y en la España de la movida, si una banda de rock quería sobrevivir tenía que hacer cosas surrealistas.

Sin ir más lejos, play back. Los matinales televisivos para marujas vivían su momento de gloria y, dado que los alardes de clarividencia también vivían días de máximo esplendor, las compañías discográficas solían incluirlos en la agenda promocional de sus grupos.

Los Enemigos grabamos alguno, aunque al día siguiente ni nos acordásemos. Pero nunca se me pasó por la cabeza que los Commando 9mm tuvieran que hacerlo. No me cuadraba. Para mí eran, y siguen siendo, lo mejor que dio de sí el punk en castellano. Aquellos tres tipos curtidos en la contundencia y acostumbrados al caos en su más pura expresión mantenían una educada charla con un clon de Nieves Herrero cuando surgió la gran pregunta:

-“Y este disco, chicos… ¿Qué tiene de novedad con respecto a los anteriores?”.

El Pollo, guitarrista de la banda y boxeador profesional, respondió con apabullante naturalidad:

-“La portada es distinta. Y las canciones… Bueno, las canciones también son distintas”.

El clon de Mari Nieves y sus marujas recibieron la respuesta como quien presencia un fenómeno paranormal. Probablemente, se trataba de la más ajustada a la realidad de entre todas las respuestas posibles. Sin embargo, una escalofriante serie de pavorosos melismas, salpicados de hipidos y risitas ahogadas, inundó el plató.

Sucede que la naturalidad no es algo a lo que nos tengan acostumbrados los artistas. Queda absolutamente fuera de lugar entre todo el artificio promocional y, por consiguiente, nos incomoda. La naturalidad no mira al prompter. No entra al trapo. Descoloca al público. Vieja como una bruja, esperpéntica y grotesca, resulta del todo improcedente. La naturalidad, a estas alturas, se nos antoja cualquier cosa menos natural.

JOSELE SANTIAGO

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