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El Director Renacentista


Luchino Visconti y Claudia Cardinale, durante el rodaje de “Il Gattopardo”, 1963

Dos de mis películas más íntimamente ligadas a mis gustos más personales son de un mismo director, en este caso, un director europeo que me enseñó a amar, entre otros artistas como De Sica, Fellini, Monicelli, Risi, Comencini, Rosellini, o incluso, en algunos casos, Scola, al cine italiano. Luchino Visconti fue un personaje aparte entre todos los directores mencionados y una anomalía exquisita dentro del cine italiano producido tras el trauma de la derrota en la Segunda Guerra Mundial.

Visconti fue un hombre deliciosamente refinado. Producto de la más rancia aristocracia de la Lombardía italiana, su familia fue, en tiempos, dueña absoluta de la ciudad de Milán. Producto de la educación de tutores e institutrices, Visconti adoptó, desde los conscientes inicios de su infancia, una sensibilidad extrema hacia la ópera (fue director de puesta en escena de óperas memorables durante los primeros años sesenta), hacia la arquitectura y hacia las artes en general (fue un dibujante y diseñador de grandes facultades). A pesar de su tendencia a la ociosidad, propia de su clase, muy pronto Visconti se convirtió, por tradición familiar y pasión entusiasta, en uno de los más exitosos criadores de pura sangre italiano de la época. Su dedicación a los caballos duró siete años, con intervalos de inmersiones intelectuales en París, donde fue amigo de Coco Chanel, quien le introdujo en el círculo cinematográfico de Jean Renoir. A mediados de los años treinta, fue a trabajar en París con Renoir, como ayudante de dirección en su película “Partie de Campagne”. Allí, abrazó las ideas comunistas que desarrolló durante toda su vida y reflejó en muchos aspectos de sus películas, a pesar de seguir adoptando sus modos aristocráticos, de vestir escrupulosamente y de vivir de manera exquisita.

Visconti fue homosexual confeso, aristócrata comunista (fue conde de Lonatte Pozzolo, título heredado de su padre), director de ópera, criador de caballos, un hombre de gustos refinados y un cineasta marcadamente individualista, diferente, extravagantemente libre.

Este documental esboza su vida, que fue una película en sí misma. Su vida se escurría, subrepticiamente, de manera evidente en muchas ocasiones, en muchas de las escenas que este espíritu renacentista supo expresar de manera tan delicadamente sensible.

Por cierto, esas dos películas que tanto tienen que ver con mis más íntimas emociones son “Rocco y sus Hermanos” y “El Gatopardo”

(Si se entra en youtube, podréis ver las partes sucesivas)

Categorías:Cine
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