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La Linterna Mágica #16


El desasosiego intermitente de estos días pasados se esfumó de manera repentina, felizmente para mí, en paréntesis gozosos vividos en una sala de cine. Los milagros existen. El milagro de que las vicisitudes exteriores que aguijonean la existencia de uno, se desvanezcan como fulminadas por una fórmula mágica infalible, en el entorno de una oscuridad aliviada por el destello blancuzco de imágenes proyectadas en una pantalla…..

Howard Hawks es, de hecho, uno de los creadores de milagros y poseedor de la varita mágica infalible que más ha hecho por la tranquilidad y la estabilidad temporal de uno. Asqueado por la pretenciosa intelectualidad de los cinéfilos y realizadores postmodernos (lo mismo me ocurre con la literatura), vuelvo siempre a lo contrario: Hawks siempre fue un director sin ambiciones intelectuales, sin pretenciosidad destinada a la vacuidad más angustiosa…simplemente fue un tipo que contaba una historia como pocos. Eso sí, con imágenes, con actores y con el elenco de gente variopinta que configura un equipo de rodaje, de montaje.

Lejos de formalismos audaces, de movimientos mareantes de cámara, de ritmos trepidantes, sincopados, de tedios si nombre, existe un ejemplo sublime de película perfecta. Hay varias, pocas, es cierto. Pero ésta es una de ellas. Howard Hawks rodó “Bringin’ Up Baby” como siempre lo hizo: de manera absolutamente independiente (nunca se ató a ningún estudio, únicamente, en algunos casos por períodos no más largos que las tres películas, produciéndose a sí mismo) y nadando a contracorriente….de hecho, la sofisticación de la historia (se estrenó en 1938) no encajó con las expectativas del público, obteniendo una recaudación muy pobre en taquilla, siendo, de hecho, un fracaso total.

A pesar de ello, como ya he dicho, esta película es ejemplo de perfección cinematográfica: una historia perfecta, un elenco de actores primoroso, una dirección impecable, un ritmo milimétrico. Todo ello confluye en este milagro, conducido por mi admirado Cary Grant (su vis cómica siempre será inigualable, absolutamente austera pero infalible. Solamente su parquedad gestual ha sido capaz de provocar tal cantidad de carcajadas) y la soberbia Katharine Hepburn. Ambos ya habían trabajado juntos en otra comedia excelente, esta vez dirigida por George Cukor, “Sylvia Scarlett” y su combinación actoral, química personal fue irresistible.

Nada sobra en este rompecabezas de absoluta y continua comicidad. La comedia norteamericana en sí misma, considerada, por muchos, como la obra maestra de Hawks. Nunca diría tanto, después de repasar la filmografía del maestro, pero de lo que sí estoy seguro es de que puede considerarse como una de las obras de arte más representativas del arte cinematográfico. Sin ser profundamente filosófica, sin ser asquerosamente trascendental, sin pretender nada, más allá de entretener al público, la comedia es uno de las artes más difíciles que existen.

Aquellos que minusvaloran la comedia como un género menor, deberían contemplar esta maravilla, al menos, una vez al año.

Esta película es beneficiosa para la salud.

Categorías:Cine
  1. agosto 31, 2012 a las 3:54 pm

    Es una comedia eterna, atemporal.
    En común tenemos varias cosas: la animadversión por los cinéfilos pretenciosos, el gusto por el cine un tanto independiente, si puede calificarse así al de Hawks en esa década y la admiración por Cary Grant (me parece, además de un magnífico actor, el prototipo de caballero elegante, siempre perfecto).
    Un saludo

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