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Champagne


Taylor Mead (December 31, 1924 – May 8, 2013)

Taylor Mead
(December 31, 1924 – May 8, 2013)

Una serie de circunstancias han provocado que esta escena, rodada en tiempo real, según parece (aunque todo es engañoso en le cine como, por otro lado, en la vida real………la vida, sus pobladores, el ser humano, muchas veces son más falsos e irreales que el propio celuloide en movimiento) haya lacerado mis sentimientos más vulnerables.

Por otra parte, mis sentimientos pasan por un estado de vulnerabilidad extrema últimamente, lo que puede resultar positivo en muchos casos.

Hace unos días pude saber que Taylor Mead, el poeta y actor norteamericano, famoso en ciertos círculos por haber aparecido en algunas películas rodadas por Andy Warhol en los sesenta, había fallecido a los 88 años. Repentinamente recordé esa película, a la que vuelvo en ciertas ocasiones dolorosas, como la actual, para buscar con fruición, detalles aparentemente inocuos y diálogos que me despierten y me devuelvan una pizca de entusiasmo.

La película es “Coffee and Cigarettes”, escrita y dirigida por Jim Jarmusch en 2003. Si bien consta de fragmentos irregulares, más o menos acertados, ésta finaliza con la escena a la que aludí al principio y que sintetiza, de manera brillante, una hondura de esencial significado.

Protagonizada por Taylor Mead y por William “Bill” Rice (un prominente artista polifacético del East Village neoyorquino y también actor) sintetiza algunas esencias vitales: el anciano Mead vuelve, en su memoria, a emocionarse con una melodía de Mahler que, quizás, le traiga, intactos, momentos inolvidables de su juventud, tiempos felices vividos con intensidad y guardados inconscientemente en sus recuerdos más íntimos. Simula que el asqueroso café que están bebiendo es un delicioso champagne, saboreado en el París de los años veinte, arquetipo del sentimiento frenético de “la Joie de Vivre”, la exaltación de la vida, del milagro permanente de la existencia.

Sin más compañía que el recuerdo de una melodía, de una bebida, de una ciudad, de momentos que arañaron la felicidad inalcanzable siempre, Taylor Mead cierra los ojos, dispuesto a descansar, siquiera unos minutos, ante la mirada comprensiva de un amigo. No lo sabemos, pero intuimos que ha cerrado los ojos para siempre, para soñar eternamente con pequeñas cosas que la vida nos ha regalado.

La vida, quizás, solo se reduzca a eso, sencillamente

Categorías:Movies, peRsonaL
  1. mayo 15, 2013 a las 1:55 pm

    Qué bonico…

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