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Le Grand Café


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La jodida desazón corroe, como un animal de presa minúsculo, los días de luminoso e implacable estío. Impaciencia. Falta de necesaria y anhelada calma, aunque sea para disfrutar de placeres tan vapuleados y lamentablemente vulgarizados como el simple hecho de leer un libro…..enfangados por imposturas, por farsantes, por voceros de la falsa literatura, por paladines de la lectura apresurada, sin conciencia.

Leer se ha convertido en algo simplemente falto de ritual…rituales pacientes

Ese futuro que amenaza como siempre hace la muerte, ese futuro inmediato que me espera, que no deja ni rastro de la calma necesaria, de pronto desaparece por cortesía amable, caballeresca (se encuentran pocas personas amables, agradecidas) de dos personajes fundamentales, que aceleraron esa crítica necesaria de conciencia, esa suspicacia aliada, anclaje del barco presuroso de los tiempos…….Ferré ya advirtió que los tiempos son difíciles.

Charles Trenet y Georges Brassens me devuelven a esa calma ansiada, a esa despreocupación amable, propia de los veranos de mis pantalones cortos.

Me siento con ellos en la canícula desasosegante, en el Gran Café de Marsella, de una Marsella imaginada, recordada, en el crepúsculo atroz y a la vez repleto de esperanza amarga de la Provenza añorada.

Y de pronto, recobro mi conciencia.

Categorías:GEORGES BRASSENS, peRsonaL
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