Archive

Archive for 28 agosto 2013

This Song #206


BC

“Grow Too Old”, compuesta por Dave Bartholomew, Fats Domino y Bobby Charles. Interpretada por Bobby Charles, dentro de su álbum homónimo, publicado por Bearsville Records en 1972. Publicada por primera vez como cara B del single “Tell Me That You Love Me” de Fats Domino (Imperial Records – 1960.

C F
I’m goin’ to go out dancin’ every night
G7 C
And I’m gonna see all the city lights
F
And I’m gonna do everything that I’ve been told
G7 C
But I’ve got to hurry up before I grow too old

F
And I’m gonna take a trip around the world
G7 C
And I’m gonna kiss all the pretty girls
F
And I’m gonna do everything with silver and gold
G7 C
But I’ve got to hurry up before I grow too old

F
Because I’m gonna do a lot of things I know that’s wrong
G7 C
And I hope that I’m forgiven before I’m gone
F
And it will take a lot of prayers to save my soul
G7 C
But I’ve got to hurry up before I grow too old

F
I’m gonna do a lot of things I know is wrong
G7 C
So I hope that I’m forgiven before I’m gone
F
And it will take a lot of prayers to save my soul
G7 C
But I’ve got to hurry up before I grow too old

Categorías:múSica

Fundido En Negro


Brel

Es difícil determinar si la actual desolación y sequía de referentes éticos y estéticos corresponde a mi estancia en esa edad anclada en la penumbra, ese balancear entre dos épocas (como diría el bueno de Brassens) o si obedece, verdaderamente, a las características definitorias de los principios de un siglo balbuciente.

Intentando meditar con una mínima objetividad, mis inclinaciones siempre han derivado hacia rumbos que ponían proa hacia fechas pasadas o hacia hechos presentes que rebosaban de referentes ya acaecidos. Sin embargo, la actual avalancha de oferta (intensificada por el ilusionismo engañoso de Internet) abruma mis sentidos y embota mi ya inflamada sensibilidad, que muerde, hambrienta y voraz, aquello que pueda ser capaz de conmoverla.

Vértigo: lo instantáneo prevalece. Falta el sosiego necesario para poder digerir lo que devoramos con glotonería. El apresuramiento sacia pronto.

No hay nada que pueda definir con más plasticidad lo que percibo en el ámbito artístico actual que aprehender exactamente lo contrario: la intensidad hilvanada con la ausencia total de superficialidad, la conciencia honda del papel del artista.

El ejemplo en negativo se llama Jacques Brel y, por lo tanto, entramos en dos ámbitos artísticos entrelazados: la música y la poesía; ambos forman la canción y, en este terreno, Brel puede ser considerado, al menos por el criterio que me dicta estas palabras, un ejemplo perfecto de maestría. Una canción de Brel es un mundo que puede y debe ser explorado muchas veces, en principio inexpugnable, pero que, en sucesivas e insistentes incursiones, depara placeres inimaginables, regala sorpresas inesperadas y, lo que es más importante, abona referentes y anclajes con vocación irrevocable de permanencia. Lo mismo sucede con una gozosa obra literaria.

Pero Brel no se detiene ahí: Brel, a través de la interpretación, exuda sus canciones, las transpira. Sus canciones le lastiman, le hacen brincar de alegría; y siempre en soledad. En el espacio tenebroso del escenario, solamente él, a cara descubierta, deslumbrado por el foco turbador que representa su exposición pública, abierta y descarnada.

Y siempre, la luz se apaga. Fundido en negro. La soledad en su máxima expresión se consuma y se manifiesta en el escenario.

Brel nos recuerda que la guadaña enmascarada que enarbola el tiempo implacable, a través de su avance tenaz, nos espera a todos.

Y se eleva, imponente, sobre el tiempo; Brel sigue siendo un anclaje que debería recordarse con la frecuencia que se merece. Personifica lo que, infructuosamente, intento encontrar hoy.

Seguiremos buscando.

Categorías:múSica, peRsonaL

Los Paréntesis Forzosos

agosto 20, 2013 1 comentario

New Orleans, 1940. By John Vachon

New Orleans, 1940.
By John Vachon

El vacío veraniego, la terca obligatoriedad del tiempo de ocio, la perentoria admonición: “tengo que coger vacaciones”, la necesidad luctuosa de escapar: nunca se puede huir de uno mismo, es imposible intentar escabullirse de la enraizada esencia caracterológica de los rasgos, las capas sucesivas, calcificadas por las penurias y las míseras alegrías de la vida.

Las escapadas para el descanso; es ésta una palabra que entraña una falsedad adquirida: ese tiempo tiene que ser constantemente ocupado, repleto de actividades, ningún hueco vacío. Voluntad compulsiva, autómata para despojar a la vida de sosiego, la no capacidad de profundizar en los detalles mínimos y más relevantes de la existencia, muchos de ellos inapreciables por los sentidos.

¿escapar? ¿irse? ¿es acaso posible?

Terca voluntad de zafarse de uno mismo, de jugar al escondite con nuestros demonios, nuestras miserias, fracasos, vacíos.

Paréntesis artificial, fabricado a la medida de nuestras vanidosas y fútiles aspiraciones.

Uno quiere huir, para quedarse, a los límpidos, purificados y brillantes estíos de la infancia. Quizás uno pretenda huir hacia lo que resuma de un plumazo, una sensación incluso, el significado íntimo de lo inexplicable.

Categorías:múSica, OjOs, peRsonaL

Last Orders Please


69ladernirefanfare

Hace mucho tiempo que no disfrutaba de una película de John Ford. Lo hice una de estas tardes sofocantes de la canícula indolente que inunda la rutina, la atenaza y la vuelve pestilente, hedionda.

Encharcados en la vulgaridad, en la vanidad sulfurosa, en la fugacidad más perversamente desechable, contemplar la historia de un extraviado entre dos mundos, un poblador de una tierra devastada ya por nuevos códigos, incomprensibles para el morador, vuelve la vida más cargada de significado.

La historia fordiana de Spencer Tracy, abocado a ser un apestado en tiempos difíciles, destinado a convertirse en una reliquia incomprensible para los sátrapas novatos, recurre en la muerte como telón tragicómico de la farsa interminable; el detalle típicamente vitalista de Ford se ejemplifica en un personaje secundario, bondadoso, ingenuo, afable: Edward Brophy interpretando a Ditto Boland. Tracy, en el lecho de muerte, agónico superviviente de tiempos pasados, inadaptado e incapaz de sobrevivir a la rapiña sin códigos de honor, le susurra a Brophy algo así como: “No sé cómo agradecerte las millones de risas que me has regalado”.

Compartir alegría, iluminar la vida de otros desde la sencillez y la humildad. Quedan pocos seres en nuestro entorno que se puedan identificar con el entrañable Ditto.

La visita inevitable e inapelable de la muerte, la última ronda, por favor…….debe tratarse de atesorar y recordar seres que derramaron alegría desde la honestidad, la franqueza, la lealtad. La bondad escasa, en suma.

Categorías:múSica, Movies, peRsonaL
A %d blogueros les gusta esto: