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Give Your Best And Farewell

noviembre 25, 2013 1 comentario

George_Harrison_-_Dark_Horse

La vida es un juego de relaciones, no es algo que deba tomarse muy en serio. Incluso los momentos más dramáticos, como en las mejores obras, por poner un ejemplo feliz, del mejor cine italiano de los cincuenta y sesenta poseen un raso irremediablemente cómico, un giro inesperadamente gracioso.

Mi vida llega a un momento crucial, surcando avenidas desoladoras, tenebrosas. Pero mi interior me llama a la ironía, a la búsqueda de lo bello, no necesariamente estético, de lo sencillo que, muchas veces, es lo verdaderamente importante.

Sin embargo, para afrontar este momento decisivo, he decidido cerrar este establecimiento de emociones, de momentos felices recreados. Lo inauguré instigado por una amiga a quien admiro por su incesante búsqueda y su inagotable curiosidad y fuerza vital.

Supuso un altar inicial a la figura del Dark Horse, pero derivó en otra herramienta que me ha servido para compartir muchas de las obras que me han hecho feliz en mi vida y siguen haciéndolo.

Esta semana, en la que se cumplen doce años de la muerte de ese músico admirado por tantas y tantas razones, decido dar por clausurado este vasto dietario, que se ha mantenido vivo durante cuatro años.

Uno dice hasta pronto, hasta que la vida u otro buen amigo me arrastre hacia el intrincado mundo de la Red.

Como despedida, una entrañable coplilla que me remonta a imágenes sencillas, ensoñadoras, suficientes para despertarme de letargos impuestos y afrontar nuevos caminos.

I’m just a clown that used to run around .
I used to have a million friends.
I used to start where ev’rybody ends.
But I just give my best to my friends .

Categorías:DarK HoRsE, peRsonaL

Today Is Not A Perfect Day


Lou Reed photographed by Matt Mahurin (1987)

Lou Reed photographed by Matt Mahurin (1987)

Todavía recuerdo, en los lejanos días invernales de mis trece años, escuchar, en casa de mi hermana, mientras buceaba en la sorprendente colección de discos de mi cuñado, el “Rock’n Roll Animal”, un disco que cambió mi perspectiva en una época balbuciente y supo afirmarme en direcciones antes nunca tomadas. Lou Reed. Poco más puede decirse ahora que innumerables obituarios inundan los periódicos, colapsan la todopoderosa Red…….todo el mundo adora ahora a Lou, como siempre sucede cuando un artista huye de este mundo material, a pesar de periodos en los que fue denostado, tachado de fracasado…….

Hace años, poco después de iniciarme en el músico de Brooklyn, la Velvet Undergound se convirtió en emblema de la modernidad, de la vanguardia, como prueba evidente de que todo vuelve tarde o temprano y que el pasado se esconde en recodos inesperados. La Velvet irrumpió de nuevo con fuerza….y a mí no me gustaba. Prefería al Lou Reed de “Transformer”, de “Coney Island Baby”, del disco en directo mencionado al principio y de ese “Lou Reed Live” que, milagros de la mercadotecnia, era el mismo concierto del “Animal” pero con canciones distintas, claro (el concierto en cuestión fue grabado en directo en La Howard Stein Academy of Music en Nueva York el 21 de diciembre de 1973). El del impactante “Berlin” con el que no pude congraciarme de inmediato. También prefería a John Cale por separado. Incluso a Maureen Tucker quien sacó discos en solitario deliciosos.

No supe nada de él – ni quise, francamente – durante su época desastrosa en lo musical, hasta 1984 año en que publicó el muy apreciable “New Sensations”, con canciones memorables y el prístino bajo de un tipo que iniciaría una etapa muy fructífera en la carrera de Reed: Fernando Saunders.

Sin embargo, tras las nuevas sensaciones (que no eran tan nuevas, por cierto, sino incluso bastante añejas pero bien ejecutadas) vino un disco con el que disfruté plenamente durante mucho tiempo….fue el gran “New York”, publicado en 1989 y uno de los discos más apegados a mi conciencia sentimental. Un disco poderoso, con vida propia, áspero, básico pero complejo al mismo tiempo. Un golpe de genio en una época de transición para la música que presagiaba sonidos apegados a lo rudimentario y a las guitarras más distorsionadas en muchos grupos tan significativos de los noventa.

Luego algunas pinceladas del “Magic and Loss” (en su gira de presentación pude asistir a un concierto muy decepcionante de un Lou Reed aburrido en Madrid), de su NYC Man, del más que decente disco que hizo con John Cale en homenaje a Warhol “Songs for Drella”………..supo conciliarme con la Velvet Underground durante su reunión de 1992……..y logró irritarme con ocurrencias excéntricas alejadas de su calidad innegable.

Uno de los gruñones del rock por méritos propios (preguntado por un periodista cómo se las arreglaba para mantenerse creativo le respondió “¿Cómo me mantengo creativo? Me masturbo todos los días ¿Ok?) también supo escupir su sinceridad. “¿Cómo puede pasar el tiempo tan deprisa? Nunca dejará de sorprenderme. El otro día tenía 19 años, podía derrumbarme y volver a levantarme. Ahora, si caes, pasas por nueve meses de terapia físca”

Recibí ayer un correo electrónico de uno de los hijos de mi hermana que vive en Bélgica (ni siquiera había nacido cuando empecé a a atisbar a Lou Reed) y en él me decía algo tan sencillo que resultó conmovedor: “Today is not a perfect Day. Es como si hubiera ido alguien a quien conocía….gracias a tí, Papá y Chachín, fueron las primeras canciones que empezé a escuchar, en mi casa. También tuve el placer de verle en directo en un Benicássim…..”

Goodnight ladies, ladies goodnight
It’s time to say goodbye
Let me tell you now, goodnight ladies, ladies goodnight
It’s time to say goodbye

Ah, all night long you’ve been drinking your tequila
But now you’ve sucked your lemon peel dry
So why not get high, high, high
And Goodnight ladies, ladies goodnight

Goodnight ladies, ladies goodnight
It’s time to say goodbye
Goodnight sweet ladies, all ladies goodnight
It’s time to say goodbye, bye-bye

Ah, we’ve been together for the longest time
But now it’s time to get high
Come on, let’s get high, high, high
And goodnight ladies, ladies goodnight

Oh, I’m still missing my other half
Oh, it must be something I did in the past
Don’t it just make you wanna laugh
It’s a lonely Saturday night
Oh, nobody calls me on the telephone
I put another record on my stereo
But I’m still singing a song of you
It’s a lonely Saturday night

Now, if I was an actor or a dancer who was glamorous
Then, you know, an amorous life would soon be mine
But now the tinsel light of star break
Is all that’s left to applaud my heart break
And eleven o’clock I watch the network news

Oh, woah, woah, something tells me that you’re really gone
You said we could be friends, but that’s not what’s not what I want
Ah, anyway, my TV-dinner’s almost done
It’s a lonely Saturday night
I mean to tell you, it’s a lonely Saturday night
One more round, it’s a lonely Saturday night

Categorías:múSica, peRsonaL

Regresos Necesarios

octubre 24, 2013 1 comentario

Leo Tolstoy

Leo Tolstoy

Volver a escenarios sentimentales y que vuelvan a provocar sensaciones recónditas y, lo más gozoso, insospechadas, es una actividad que, en estos tiempos en los que la velocidad consumista se apodera vorazmente de los desvalidos mortales, debería realizarse con más asiduidad…..escenarios de obras de ficción, obras artísticas que descubrimos en años titubeantes, distorsionados por esa pulsión adolescente que tiende a compartir códigos grupales y por la característica ingenuidad y apresuramiento de esa edad difusa que solamente adquiere su verdadera grandeza cuando se contempla desde la atalaya de una experiencia amarga, algunas veces cínica pero en cierto sentido serena y, por qué no, complaciente.

Volver a ellas después de muchos años, sumergirnos en aguas ya conocidas pero aún refrescantes y vivificantes es una actividad que, si la obra artística tiene la esencia justa para ser considerada como tal, supera incluso a la del descubrimiento impactante y nutriente.

Recientemente, dos obras me han regalado esa sensación purificante: la sucesión vertiginosa de novedades supuestamente culturales (la cultura es un vestido desgastado y con el que se pavonean incontables farsantes), no dejan espacio para volver a obras esenciales. Solamente el azar y, en ocasiones, el convencimiento te permiten regresar a la morada reconocible.

“Anna Karenina” solamente la he podido comprender en esta segunda ávida lectura, después de casi quince años de la primera acometida, complementada con una jugosa biografía de Tolstoy, en la que estoy hipnóticamente inmerso y de la que hablaré a su debido tiempo. La búsqueda agónica del sentido vital de Levin, la figura sobre la que se vertebra esta novela monumental (el personaje de la Karenina es un pretexto genial y un complemento trágico), solamente puede comprenderse en toda su hondura después de sucesivas inmersiones en el complejo laberinto configurado por el Conde Tolstoy.

De la otra obra, me produce cierto reparo hablar de ella pues es una de aquéllas tan asquerosamente utilizada. Casi por principio evito escribir sobre The Beatles, ahora que un diario de tirada nacional salpica, con enojosa frecuencia, artículos que manosean sin piedad tópicos, en muchos casos, sin fundamento, meramente superficiales. Este mismo diario, acompaña su tirada del domingo con la posibilidad de adquirir por un módico precio la discografía masterizada de los cuatro fabulosos: el domingo adquirí, para una niña que despierta al mundo artístico, desperezándose – ¡cómo la envidio! – , una niña de doce años…..adquirí, digo, “Abbey Road”.

Yo tenía doce años cuando escuché ese disco por primera vez. Y nunca olvidaré la experiencia al descubrir sonidos, absolutamente ajenos a esos Beatles a los que yo estaba acostumbrado hasta entonces. Y no pude, no fui capaz de vislumbrar lo que aquellos sonidos significaban, ni lo que podrían ofrecerme en los años venideros.

Solamente lo comprendí al escuchar de nuevo esa música tan íntima para mí, después de tantos y tantos años. El enamoramiento instantáneo sigue intacto.

La tozuda y, en muchas ocasiones, inútil voluntad paterna de querer que los hijos surquen los senderos desconocidos, fascinantes, de tus mismos descubrimientos artísticos pudo conmigo. Nada es como parece y la construcción de la intimidad personal es intransferible, aunque las obras siguen imperturbables y alzadas para su permanente descubrimiento

Sí, esa niña de doce años es parte indisoluble de mi vida.

Categorías:BEATLESONGS, múSica, peRsonaL

Forjas Pasionales


Crystals

Hay amistades forjadas durante muchos años que no responden a la ortodoxia ni al dogma relacionado con el concepto mismo de la amistad. Un concepto, o por mejor decir, un sentimiento y una realidad absolutamente desvirtuada en los tiempos que corren. El espejismo en el que vivimos desvía nuestra atención hacia elementos completamente accesorios y tendemos a olvidarnos de lo que es esencial, del núcleo gordiano de lo que realmente importa en esta vida tan vilipendiada, tan maliciosamente sobornada y mangoneada.

Esta amistad, por así llamar a una relación que, en realidad y en puridad, no cabría en la etiqueta, se ha ido construyendo a través de infinitas escuchas radiofónicas por más de veinticinco años. Descubrí a Juan de Pablos en mis ya lejanos años de carrera universitaria cuando, para mitigar la desgana y el tono gris de las tardes invernales de estudio, sintonizaba su ya eterno “Flor de Pasión” y me entregaba con deleite al luminoso descubrimiento de grupos, intérpretes desconocidos, muy alejados de los prejuicios musicales encorsetados de mi primera juventud, época rematadamente estúpida, contemplada, ahora, con conmiseración y condescendencia.

Juan de Pablos supuso, en esa época bobalicona pero fascinante, en la que el criterio va formándose a trompicones y en la que la vida cotidiana se siembra de incesantes descubrimientos, el maestro de ceremonias, el amigo mayor que te guía hacia caminos hasta entonces vedados, sobre los que deambularás toda tu vida. El amigo que hace surgir emociones que se aferran para siempre en tu sensibilidad y que ya forman parte indisoluble de tu personalidad y de tu bagaje sentimental, tu equipaje.

A Juan de Pablos le debo muchas cosas y no solamente musicales. Esas cosas, fuera del estricto sentido musical, prefiero no airearlas. Llevo con él 25 años, de manera intermitente; sé de sus defectos, conozco sus debilidades, sus desvaríos…….me identifico en muchas de sus emociones, no comparto elecciones musicales, me adhiero incondicionalmente a otras………Me ha enseñado a mantener la individualidad, a mantenerse inconmovible frente a fórmulas artificiales, a reafirmarse en lo que uno entiende, comprende, discierne, siente.

Juan de Pablos ha sido quien me descubrió, ya en terrenos estrictamente musicales, a los grupos de chicas de los primeros sesenta (mis amigos, por aquel entonces, no podían comprender mi interés desmedido por esas melodías adictivas y sus arreglos sofisticados), me reafirmó mi amor por Carole King, me enseñó a apreciar a James Taylor, a Honeybus, a Lovin’ Spoonful………

Maestros musicales los he tenido, fuera y dentro de las ondas, no dogmáticos, persuasivos y sugerentes. Pero hay pocos que hayan sabido transmitir la libertad, el disfrute, la pasión, el amor por la música. Y Juan de Pablos, infaliblemente, está entre ellos.

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Entraña Artística

septiembre 24, 2013 Deja un comentario

Oscar y Los Profesionales. Foto de Dani Conde

Oscar y Los Profesionales. Foto de Dani Conde

La virtud mercantilista predomina sobre las entrañas artísticas, la honestidad musical en este caso. He escrito mucho sobre semejantes injusticias. Pero el arte, desde tiempos que parecen haberse convertido ya en inmemoriales, se convirtió en sinónimo de ojos cegados por el signo del dólar. Echando un vistazo a la música patrocinada y alentada desde televisiones oficiales y adláteres, sucedáneos, transformaciones de muchachos en miméticos e inertes intérpretes de karaoke, compitiendo sin piedad por espacios de gloria sin sustancia ni entraña en concursos bendecidos por masas y tutelados por ¿artistas? ya consagrados………uno no puede menos que sentirse amenazado y dedicar una sonrisa agriada de piedad, si acaso.

La vaciedad impera en nuestro escenario artístico nacional. Sí; siempre están los que están y los que han estado, silenciosamente, encubiertos por las multinacionales que agasajan a los medios bien llamados de masas. Pueblan las ciudades esforzados músicos, los hay. La parafernalia manda, sin embargo: las alharacas bulliciosas sin nada dentro.

Yo tengo un amigo que produjo con esfuerzos ímprobos su primer álbum junto a su banda. Yo tengo un amigo que viene bregando en los escenarios para poder subsistir y aferrado a lo que él considera su deber creativo, ha compuesto pequeñas canciones maravillosas. Yo tengo un amigo que todavía espera a ver plasmado en algo tangible lo que ya ha grabado en lo que espero sea – lo es ya, ciertamente – su segundo disco. Es un profesional – en sus dos sentidos – ajeno a escuelas vacías de autómatas vocalistas que ni siquiera pueden adivinar en qué consiste ser un intérprete carnal, con la entraña desnuda.

Yo tengo un amigo que se llama Oscar Avendaño. Y espera su segunda oportunidad. Gracias a los valientes, puede pasear su dignidad por escenarios, preferentemente galaicos. Pero todas las canciones se me metió hace mucho en mi fibra sensible y doliente.

Y le dejé, interpretando su versión de “Venusiana” de aquel grupo, enterrado en el mísero olvido tan propio del arrabal cultural mediático, llamado La Marabunta.

Sirva el ejemplo, querido Oscar.

http://oscaravendanhoylosprofesionales.wordpress.com/

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Desarraigo y Lobotomías

septiembre 9, 2013 Deja un comentario

Murray Gershenz

Murray Gershenz

La uniformidad y homogeneidad global, mundial, acrecentada por las técnicas innovadoras, tecnologías y artefactos depredadores del criterio intelectual conformado y fundamentado por sólidas bases asentadas, fermentadas y maduradas, se extiende a todos los ámbitos de la vida y, poco a poco, se va convirtiendo en cancerígena, explosivamente peligrosa, lentamente aniquiladora.

Mi último viaje a lo que sigue quedando de Londres, apenas la semana pasada (ciudad de carácter donde las haya) confirma mi creciente pesimismo al respecto: hordas de turistas vagando como autómatas por lo que, antaño, fue Camden market (los mismos artículos son vendidos en puestos casi idénticos……..el reclamo es indistinto, pero la lógica consumista siempre impera y se impone), un Soho cada vez más dolorosamente lobotomizado por grandes corporaciones mercantilistas, las mismas grandes empresas que dominan el mercado mundial.

Sin embargo, y en barrios poco frecuentados por el turista maleable y lentamente robotizado, topas inevitablemente con tiendas que resisten dignamente, con el orgullo y su independencia sin tacha: su atención se basa en un profundo conocimiento del artículo a la venta, el amor por la mercancía y por el trato humano al cliente se palpa casi de manera física. La tienda se sustenta en el espíritu pasional del ser humano que se esconde detrás del negocio: se cuidan los detalles que aparentan ser nimios, se huye del mensaje homogéneo, se confía en el cliente y se fomenta la búsqueda y la libertad para elegir.

Murray Gershenz, un tipo de 91 años que acaba de fallecer, dueño de “Music Man Murray”, una tienda de música que poseía los mejores atributos que se deberían demandar de un establecimiento de venta, fue el alma pasional que sustentaba la llama del negocio. Gershenz ha sido célebre por mantener el negocio por más de cincuenta años, hasta que, sepultado por las nuevas hordas supuestamente benéficas, de los formatos digitales, se vio obligado a poner a la venta sus más de 300.000 discos, la impresionante sustancia que atesoraba su famosa tienda de Los Ángeles.

Después de infructuosos intentos, al fin pudo vender su escalofriante mercancía al mejor postor (del que nunca reveló su identidad) el pasado junio.

Existe un documental sobre Gershenz , dirigido por Richard Parks. Y créanme, mi inquietud aumenta: si ya se filman documentales sobre el auténtico sabor de tiendas con carácter, con impronta propia, con una personalidad pasional y con criterio detrás, es que todo esto se va a la mierda.

Quizás sea yo mismo quien esté sufriendo un desarraigo propio de la edad. Quién sabe.

Sufrimos de amnesia, mal de superficialidad, fuegos fatuos.

Music Man Murray (movie) from Richard Parks on Vimeo.

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Fundido En Negro


Brel

Es difícil determinar si la actual desolación y sequía de referentes éticos y estéticos corresponde a mi estancia en esa edad anclada en la penumbra, ese balancear entre dos épocas (como diría el bueno de Brassens) o si obedece, verdaderamente, a las características definitorias de los principios de un siglo balbuciente.

Intentando meditar con una mínima objetividad, mis inclinaciones siempre han derivado hacia rumbos que ponían proa hacia fechas pasadas o hacia hechos presentes que rebosaban de referentes ya acaecidos. Sin embargo, la actual avalancha de oferta (intensificada por el ilusionismo engañoso de Internet) abruma mis sentidos y embota mi ya inflamada sensibilidad, que muerde, hambrienta y voraz, aquello que pueda ser capaz de conmoverla.

Vértigo: lo instantáneo prevalece. Falta el sosiego necesario para poder digerir lo que devoramos con glotonería. El apresuramiento sacia pronto.

No hay nada que pueda definir con más plasticidad lo que percibo en el ámbito artístico actual que aprehender exactamente lo contrario: la intensidad hilvanada con la ausencia total de superficialidad, la conciencia honda del papel del artista.

El ejemplo en negativo se llama Jacques Brel y, por lo tanto, entramos en dos ámbitos artísticos entrelazados: la música y la poesía; ambos forman la canción y, en este terreno, Brel puede ser considerado, al menos por el criterio que me dicta estas palabras, un ejemplo perfecto de maestría. Una canción de Brel es un mundo que puede y debe ser explorado muchas veces, en principio inexpugnable, pero que, en sucesivas e insistentes incursiones, depara placeres inimaginables, regala sorpresas inesperadas y, lo que es más importante, abona referentes y anclajes con vocación irrevocable de permanencia. Lo mismo sucede con una gozosa obra literaria.

Pero Brel no se detiene ahí: Brel, a través de la interpretación, exuda sus canciones, las transpira. Sus canciones le lastiman, le hacen brincar de alegría; y siempre en soledad. En el espacio tenebroso del escenario, solamente él, a cara descubierta, deslumbrado por el foco turbador que representa su exposición pública, abierta y descarnada.

Y siempre, la luz se apaga. Fundido en negro. La soledad en su máxima expresión se consuma y se manifiesta en el escenario.

Brel nos recuerda que la guadaña enmascarada que enarbola el tiempo implacable, a través de su avance tenaz, nos espera a todos.

Y se eleva, imponente, sobre el tiempo; Brel sigue siendo un anclaje que debería recordarse con la frecuencia que se merece. Personifica lo que, infructuosamente, intento encontrar hoy.

Seguiremos buscando.

Categorías:múSica, peRsonaL
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